El Altépetl

Los primeros embajadores que recibieron a los expedicionarios españoles en Veracruz en abril de 1519 fueron representantes de dos diferentes altépetl indígenas: México-Tenochtitlan y Cempoala. Los altépetl, palabra náhuatl que significa “agua-cerro”, eran entidades políticas independientes, con su propio gobernante -llamado tlatoani en náhuatl-, su capital y su propio territorio. Por su tamaño, los altépetl eran como ciudades-estado, es decir, controlaban un territorio no muy grande alrededor de uno o más centros de población. En el Valle de México había por lo menos 50 de estas entidades políticas, y en el centro de Mesoamérica, la zona a la que llegaron los españoles, deben haber existido alrededor de 200, aunque no conocemos la cifra exacta.

Cada altépetl era como un país independiente, pues no sólo tenía su propio gobierno, sino también su propia identidad cultural y étnica que lo distinguía de sus vecinos. Tenían también su propia historia que contaba la manera en que fue fundado y la manera en que mantuvo su independencia, aun si tuvo que aceptar la dominación de un altépetl más poderoso. Cada altépetl tenía, además, su dios patrono, es decir, una deidad que lo protegía y que lo representaba, como hacen los santos patronos de los pueblos en la actualidad. Por estas razones, el gobernante de cada altépetl velaba antes que nada por su propio poder y por el bienestar de su pueblo, sin preocuparse por el destino de los otros altépetl.

El nombre náhuatl altépetl, “agua-cerro”, se refería a dos elementos naturales que eran indispensables para la vida de cualquier pueblo: un manantial o fuente de agua para beber y regar los cultivos, y una montaña sagrada que era el “corazón del pueblo”, donde vivía su dios patrono y también los antepasados de la población. Agua y cerro simbolizaban la identidad de la entidad política así como su continuidad en el tiempo. En otras lenguas indígenas existían términos equivalentes a altépetl, que se referían también a estas entidades políticas locales. Según diversos autores, esta era la organización política fundamental de la mayor parte de los pueblos mesoamericanos.

Los mexicas, erróneamente conocidos como aztecas, estaban organizados en dos altépetl: México-Tenochtitlan, el más poderoso, y México- Tlatelolco, que fue conquistado por el primero en 1456. Junto a los altépetl de Texcoco y Tacuba, México-Tenochtitlan formaba la Triple Alianza. Entre 1427 y 1519, esta Alianza conquistó todos los altépetl del Valle de México y luego casi todos los de la región del centro y sur de Mesoamérica. Cada altépetl conquistado debía pagar un tributo, es decir un impuesto periódico a sus dominadores: maíz, leña y otros alimentos para los altépetl más cercanos; objetos de lujo de mayor valor y más fáciles de transportar en el caso de los más lejanos. Además debían apoyar las campañas militares de sus dominadores, ayudándolos a conquistar otros altépetl. A cambio de eso, los dominadores respetaban su gobierno interno y los protegían de sus enemigos, de manera que cada entidad política conservaba su autonomía interna. Los altépetl que se resistían a la Triple Alianza eran sometidos por la fuerza y castigados severamente si se rebelaban contra el poderío mexica. Sólo algunos altépetl más poderosos, como Tlaxcala, los yopis de Guerrero, o la Triple Alianza purépecha de Michoacán, escaparon al dominio militar de los mexicas y sus aliados y mantuvieron su independencia.

Por su independencia política y religiosa, así como por su acendrado sentido de identidad propia, los altépetl conquistados por la Triple Alianza no sentían casi ninguna lealtad hacia los dominadores. Debido a que estos altépetl tenían mayor fuerza militar no tuvieron más remedio que aceptar su dominación, pero buscaban siempre la oportunidad para liberarse de ella y recuperar su independencia, o reducir sus tributos y servicios militares. Por eso, la mayoría de los altépetl vieron en los españoles una oportunidad de liberarse del dominio de la Triple Alianza. Los totonacas de Cempoala fueron los primeros en tejer una alianza con los recién llegados pero pronto su ejemplo fue seguido por decenas de altépetl, entre ellos el de Tlaxcala.

Para citar: Federico Navarrete , El Altépetl, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/765/744. Visto el 25/02/2021