¿Qué comen los recién llegados? Las comidas rechazadas por españoles y mexicas como marco identitario

Las crónicas del siglo XVI – tanto en náhuatl como en español – que describen la llegada de los españoles a la costa del futuro estado de Veracruz y territorios colindantes sometidos por los mexicas, insisten sobre la preocupación del tlatoani mexica Motecuhzoma Xocoyotzin por conocer la identidad de los recién llegados. Estos documentos enumeran distintas estratagemas ideadas por el monarca con el objetivo de comprender si la naturaleza de los expedicionarios era humana o divina. Entre estas pruebas destaca la trascendencia de la ofrenda de distintos tipos de comidas. En efecto, a ojos de Motecuhzoma, la elección o el rechazo de uno u otro alimento habría determinado con qué tipo de criaturas se estaba enfrentando su reino. Bernardino de Sahagún, Hernando de Alvarado Tezozomoc y Diego Durán concuerdan al señalar que Motecuhzoma encargó a sus emisarios de entregar a los expedicionarios una gran variedad de manjares, de doce a quince cargas. Su enumeración es muy detallada y sin duda refleja la voluntad del soberano de presentar todos los alimentos conocidos y apreciados por los mexicas.

Se encuentran enlistados: tortillas, tamales, aves de todo tipo (tanto asadas como cocidas), todo género de caza, de pescado, de guisados, de fruta, de legumbres y muchas jícaras de cacao. Los informantes nahuas de Sahagún destacan la presencia reiterada de iztac tlaxcalli y totolin, esto es, tortillas blancas y guajolotas. Las tortillas blancas aluden a la comida privilegiada de la nobleza mexica y a su preparación cuidadosa, mientras que la carne de guajolote era considerada la más sabrosa y costosa. La misma reflexión se puede hacer acerca de las bebidas de cacao, mismas que, al momento de su entrega, “los indios no osaban beber” (Durán, p. 509). Estas comidas eran reservadas, también, a los representantes vivientes de los dioses, los ixiptlas, a lo largo del ciclo festivo. Este dato prueba que Motecuhzoma estaba tratando a los recién llegados con la deferencia que la sociedad mexica reservaba a la elite o incluso a los dioses.

Pero ¿qué era un dios para los mexicas? ¿Qué tipo de dioses podían ser los españoles y cuál comida era la más adecuada para ellos? Con respecto de la alimentación divina, ésta podía variar de acuerdo a  los campos de acción de cada entidad sobrenatural. Para estar seguro de que los emisarios ofrecieran al jefe de los españoles todas las opciones alimenticias posibles, Motecuhzoma los encargó de llevar también algunos cautivos para sacrificarlos, en el caso de que tuvieran “sed de sangre”:

“Y nótale si lo come (las comidas), porque si lo comiere y bebiere, es cierto que es Quetzalcóatl, pues conoce ya las comidas de esta tierra y que él las dejó y vuelve al regusto de ellas (...)” (Durán, p. 507)

Siguiendo las órdenes de sus soberanos, los mensajeros no dudaron en empapar y cubrir las tortillas con la sangre de los sacrificados, provocando la repugnancia de los recién llegados. Sin duda el rechazo por el consumo de los cautivos proporcionó a Motecuhzoma un primer marco de referencia para comprender la naturaleza de los expedicionarios, al no poder ser incluidos en el conjunto de entidades extra-humanas consumidoras de cuerpos humanos, corazones y sangre. En cambio, los recién llegados degustaron con mucha satisfacción las ricas comidas y bebidas ofrecidas por los mensajeros. Éstos volvieron a México-Tenochtitlan con la comida que los españoles regalaron en agradecimiento, formada por bizcocho blanco, tocino, tasajo y vino. Los informantes de Sahagún aseguran que el soberano reaccionó con maravilla y espanto a la vista de esos alimentos. La dureza y el sabor dulce y ahumado del bizcocho convencieron al monarca de que se trataba de una comida divina, “del infierno” (Alvarado Tezozómoc, p. 455), y que no podía ser consumida. El bizcocho y el vino fueron puestos en el cuauhxicalli frente al templo de Huitzilopochtli, se incensaron y llevaron con una gran procesión a Tollan/Tula, para ser enterrados en el templo de Quetzalcóatl “cuyos hijos eran los que habían venido” (Durán, p. 511). 

Concluyendo, según los mexicas el desagrado por la comida constituida por los cautivos y el aprecio hacia tortillas, carnes y frutas colocaron a los expedicionarios afuera de algunas categorías de seres extra-humanos pero confirmaron la identificación de Cortés con Quetzalcóatl. En cambio, Motecuhzoma repudió una comida – bizcocho y vino – que, a pesar de ser sabrosa, era muy dura. Esta textura era insólita y rechazada por los mexicas en términos alimentarios. Estas características llevaron a considerar los alimentos como perteneciente a una otredad desconocida, que el soberano volvió a vincular con la Serpiente Emplumada. Es evidente que los dones ofrendados y recibidos durante la embajada mexica en la costa representaron mucho más que un intercambio de comidas. A ojos de Motecuhzoma operaron como una herramienta para reconocer la identidad de los recién llegados a través de un juego de rechazos alimentarios.

Para citar: Elena Mazzetto, ¿Qué comen los recién llegados? Las comidas rechazadas por españoles y mexicas como marco identitario, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/600/598. Visto el 23/07/2019