Un encuentro con cacao y vino: los emisarios de Moctezuma suben al barco de Cortés

En la Historia de las Indias de Nueva España de fray Diego Durán, en la lámina XXVII se observa la embarcación de Cortés llegando a las costas de Veracruz. Un indio, escondido en un frondoso árbol señala hacia el navío, mientras un hombre en un pequeño esquife pesca. La imagen muestra a uno de los emisarios de Moctezuma, enviado por el tlatoani para verificar la información que le había llegado, notificándole de la presencia de “una cosa espantosa y grande, redonda, en medio del agua”. La primera relación expuesta a Moctezuma describía a unos hombres barbados, vestidos de colores, habitando una casa flotante dedicados a la pesca durante el día. La confirmación de la noticia obligaba a Moctezuma, nervioso ante los augurios sobre unos extraños visitantes en la costa de Cuetlaxtlan –Veracruz-, a aplicar una estrategia para verificar la naturaleza de los habitantes de la roca flotante e identificar sus intereses. ¿Qué necesitaba comprender Moctezuma de los recién llegados? Antes que nada, verificar si era Ce Acatl Topiltzin Quetzacoátl, es decir, aquel mítico personaje que se había embarcado en las costas del actual Golfo de México, prometiendo regresar.

Para ello ordenó preparar en secreto ricos presentes compuestos de joyas de oro, piedras preciosas y plumajes muy galanes. Pero además de estos regalos decidió incluir comida con un objetivo muy preciso. Pidió que sus emisarios observaran muy bien si los visitantes recibían con agrado los alimentos y si los consumían. Esto último sería la prueba contundente de que estaban reconociendo platillos e ingredientes que les eran familiares. Incluso instruyó a sus embajadores que si los visitantes también quisieran comérselos a ellos lo permitieran, prometiendo a cambio darles muchas riquezas a sus descendientes. Así, mandó a sus emisarios de nuevo a la costa con los presentes y ordenó que el gobernador de esa costa les proveyera:

“de todos los géneros de comida que se pudieren hacer, así de aves como de carnes asadas y cocidas, y que provea de todos los géneros de pan que se pudieren y de frutas…y de muchas jícaras de cacao…”

Ayudados de varios indios, llegaron a la costa con los presentes y esperaron hasta el amanecer del siguiente día para hacerse notar. Desde un peñasco, a señas, indicaron a los tripulantes del barco, sus intenciones de darles aquellos regalos. Cortés envió entonces en una lancha a cuatro soldados para empezar los primeros intercambios. Los emisarios lograron abordar con los presentes a la embarcación. Presentaron las joyas, piedras preciosas y plumajes que llevaban ante el contento y regocijo de Cortés y sus huestes. La Malinche, que hacía el papel de traductora, cuestionó quién enviaba los regalos y el objetivo del ofrecimiento. Ahí, los embajadores de Moctezuma expusieron la petición de que recibieran los regalos pero que regresaran hasta que el tlatoani hubiera muerto, con lo cual le quedaba el camino libre al visitante para recuperar sus tierras. Posteriormente ofrecieron los manjares que habían subido a bordo.

Cortés desconfiado, indicó, a través de su traductora, que ellos lo probaran primero a fin de asegurarse de no ser envenenado. Certificada la bondad de los productos, Cortés y sus hombres probaron la comida y, según narra Durán, lo que más agrado les causó fue el cacao. Como deferencia, Cortés también les compartió algunos de los alimentos a bordo. A diferencia de los manjares preparados por órdenes de Moctezuma, Cortés sólo pudo compartir el menú típico de un marinero: les ofreció bizcocho, un pan cocido dos veces para garantizar su duración durante el trayecto, tocino, pedazos de tasajo y como bebida vino. Del bizcocho guardaron un pedazo para mostrárselo a Moctezuma y del vino encontraron tan agradable sabor que no pudieron bajar del barco hasta el día siguiente. Al encontrarse de nuevo con Moctezuma, los emisarios le contaron lo que habían visto y le dieron el pedazo de pan. El lo observó y determinó hacer una procesión con el para enterrarlo en Tula.

De esta descripción, donde los alimentos jugaron un papel clave de acercamiento e identificación cultural, es posible encontrar referencias similares en los textos de los primeros conquistadores españoles y los misioneros que les siguieron. La comida en los primeros años del siglo XVI jugó un papel de signo de poder, conquista y sometimiento. En los primeros encuentros de Cortés y sus huestes, tanto con los aliados tlaxcaltecas como con los conquistados, el abasto alimentario se utilizó primero como elemento de reconocimiento y posteriormente como instrumento de presión. Por ejemplo, Moctezuma y los tlaxcaltecas, a través del envío de manjares a Cortés intentaban definir o no su naturaleza de teules o dioses, mientras que cuando se trató de repelerlos o forzarlos a retirarse, la suspensión del envío de alimentos a los invasores funcionaba como una arma efectiva para la rendición. En estos ejemplos resulta muy interesante que la comida fuera una estrategia para identificar si eran dioses o no los recién llegados a territorio mexica. ¿Qué comían los dioses? Para la cosmovisión azteca y tlaxcalteca, el sacrificio era el sustento de los dioses, y bajo esa lógica es que los envíos a Cortés intentaban corroborar el origen divino que en un principio asumían.

 

Bibliografía

Durán, Diego, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme (1579).

Scott, Nina M., “La comida como signo: los encuentros culinarios de América”, en Janet Long (coord.), Conquista y comida. Consecuencias del encuentro de dos mundos, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, pp. 145-154.

Para citar: Flor Trejo Rivera, Guadalupe Pinzón Ríos, Un encuentro con cacao y vino: los emisarios de Moctezuma suben al barco de Cortés, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/601/598. Visto el 17/06/2019