De dioses y Teteoh

Para los pueblos hablantes de náhuatl, como los mexicas, existían en el mundo una serie de divinidades o entidades sagradas de diversa naturaleza alrededor de las cuales desarrollaron todo tipo de devociones y expresiones rituales. Tales divinidades recibían el nombre de teotl o teteoh, en plural; sin embargo, ellas no fueron las únicas entidades a las que se les llegó a conocer por medio de esta palabra. En su Historia general de las cosas de Nueva España, fray Bernardino de Sahagún refiere que:

“[…] a cualquiera criatura que veían [los indígenas] inminente en bien o en mal, la llamaban teutl, que quiere decir dios. De manera que al Sol le llamaban teutl por su lindeza, al mar también, por su grandeza y ferocidad. Y también a muchos de los animales los llamaban por este nombre por razón de su espantable disposición y braveza. Donde se infiere que este nombre teutl se toma en buena y en mala parte […] se puede conjeturar que este vocablo teutl quiere decir cosa extremada en bien o en mal”.  

Entonces, ¿qué significa teotl?, ¿es acaso la traducción directa e inequívoca de la categoría de dios, tal como lo menciona fray Bernardino?, ¿podían las personas también ser teotl?

            Al momento de la llegada de los españoles, los nahuas del centro de México usaban la raíz teo para referirse a diversas cosas que para ellos estaban animadas, es decir, que tenían la capacidad de influir de diferentes formas y de manera consiente sobre las personas: el sol por su resplandor y su incansable tránsito por la bóveda celeste, el mar por su inmensidad y su aparente fusión con el cielo al ser observado en el horizonte, algunos animales nocturnos como las lechuzas o los coyotes porque pronosticaban malas noticias, las diversas plantas con propiedades curativas o alucinógenas, los especialistas rituales que podían manipular las fuerzas sobrenaturales tanto para bien como para mal, entre otros. Todos estos seres y entidades estaban asociados tanto a lo sobrenatural como a lo desconocido y su naturaleza les resultaba a los indígenas difícil de conocer, de tal suerte que estaban llenos de teotl.

            El amplio abanico de significados que tuvo la palabra teotl durante el periodo prehispánico (se le empleaba para caracterizar a seres y cosas muy diversas y distintas entre sí como animales, personas, divinidades, astros, elementos de la naturaleza, objetos de sacrificio, etcétera), llevó a los mexicas a llamar teteoh a los españoles, pues, desde su perspectiva, eran seres asociados a lo desconocido, en tanto que físicamente eran distintos, que montaban animales nunca antes vistos en Mesoamérica, que peleaban con armas estruendosas con capacidad de alcanzar y dar muerte a una persona desde una distancia considerable, que vestían ropas de metal (armaduras) y que traían consigo a gente de piel oscura.

Pero ¿creer que los españoles eran teteoh es lo mismo que tenerlos por dioses en el sentido que le damos hoy día a esta palabra?  ¿cómo fue que la palabra teotl terminó significando “dios”, cuando en su contexto de uso original remitía a muy diversos seres y sustancias sobrenaturales? La respuesta está en un largo proceso histórico que inició justo después de la caída de México-Tenochtitlan y al cual se le conoce como evangelización. Cuando los religiosos españoles (frailes) llegaron a la Nueva España, comenzaron a aprender la lengua de los nahuas para poder instruirlos en el cristianismo y en este proceso se toparon con la palabra teotl, la cual en su opinión parecía corresponder perfectamente al concepto del dios cristiano, sin embargo, ¿cómo era posible que los indígenas llamaran teotl o “dios” a una serie de figuras de piedra que demandaban sangre y corazones de las personas? La explicación que encontraron estos religiosos era que los indígenas solían llamar teotl o “dios” a todo aquello que, debido a su ignorancia, no lograban comprender, incluyendo figuras de piedra de deidades como Quetzalcóatl o Huitzilopochtli, entre otros más.  

En diversos textos de carácter doctrinal que fueron elaborados en náhuatl para ser escuchados o leídos por indígenas se puede apreciar cómo fue que los frailes dieron a la palabra teotl el significaba de “dios”, y no solo eso, sino que también creían que esta palabra náhuatl tendría que hacer referencia solamente al dios cristiano, para ellos, el único y verdadero. Por ejemplo, en el siguiente ejemplo que he traducido del náhuatl se puede ver lo que fray Bernardino de Sahagún les decía a los indígenas en sus sermones al respecto de la palabra teotl:

“Este que es Dios es el único teotl tlahtoani, ningún otro es teotl, ningún otro es tlahtoani. Y has de saber que a aquellos a los que ustedes adoraban en el pasado no son teteo […] (Sermón para el doceavo domingo después de Pentecostés).

            En suma, durante la época prehispánica los nahuas nombraron teotl a muchos seres y entidades que eran difíciles de conocer o sobrenaturales. Esta palabra fue usada para calificar a seres y cosas muy distintas entre sí, como divinidades, fenómenos naturales, animales, personas y objetos o sustancias que habían pasado por procesos rituales. Durante el periodo novohispano los evangelizadores se valieron de esta misma palabra para nombrar al dios cristiano y a todo lo que estuviera en relación con él o con la Iglesia. Por ello, cuando leemos en las crónicas que los nahuas llamaron teteo a los españoles recién llegados, debemos tener presente que para ellos, en aquella época, la palabra teotl tenía muchos usos y significados y que algunos de ellos eran muy distintos del que hoy tiene para nosotros la palabra “dios”.

Para citar: Mario Alberto Sánchez Aguilera, De dioses y Teteoh, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/602/598. Visto el 11/12/2019