Huejotzingo: el aliado desconocido de Cortés

Huejotzingo fue uno de los altépetl más importantes que existieron dentro del territorio que hoy conocemos como valle poblano-tlaxcalteca. Su bonanza obedecía principalmente a tres circunstancias: la primera relacionada con su nobleza, pues se concebían herederos de dos de los linajes más icónicos en el devenir histórico de los pueblos mesoamericanos, el del chichimeca Xólotl y el del tolteca Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl; la segunda tiene que ver con su posición geográfica, el actual valle de Atlixco que, además de poseer fecundas tierras, tenía acceso privilegiado a las rutas comerciales que en ese momento conducían hacia las zonas tropicales del actual suroeste mexicano; la tercera, principalmente durante los siglo XIV y XV,  consistía en ser una fuerza militar sumamente temida por sus adversarios, al representar junto con Tlaxcala y Cholula, un fuerte contrapeso bélico de la conocida Triple Alianza.

Pero al iniciar el siglo XVI esto habría de cambiar. La nobleza huejotzinca se dividió por problemas religiosos que pronto alcanzaron el ámbito político, motivando que en 1504, una facción atacara el pueblo tlaxcalteca de Xiloxochitlan. La respuesta no se hizo esperar y los agredidos, consecuentemente, quemaron los palacios, templos y sembradíos de sus adversarios, ocasionando a la postre, destrucción, hambre y muerte para ambos bandos. Ante tanta calamidad, Tecayehuatzin, tlatoani de Huejotzingo, y una parte importante de la nobleza del señorío, decidieron confederarse con los Mexicas. Moctezuma Xocoyotzin vio en esta petición la oportunidad perfecta para derrotar de una vez por todas a sus viejos enemigos tlaxcaltecas, por lo que sin titubear prestó la ayuda requerida.

Como en toda guerra, los violentos enfrentamientos propiciaron fuertes movimientos poblacionales hacia diversos lugares como Chalco, Calpan y Tenochtitlan. En este último lugar, la nobleza se aposentó durante casi 12 años, tiempo en el cual casaron y tuvieron familia. Todo iba bien hasta que Moctezuma les exigió entregarle la imagen de Camaxtli, su deidad principal, lo que implicaba un sometimiento total. El hecho propició el rompimiento del acuerdo y en consecuencia, hacia 1518, cholultecas, tlaxcaltecas y huejotzincas volvieron a unir filas para enfrentar al poderío mexicano.     

Lo anterior es fundamental para entender la posición que Huejotzingo jugó ante los conquistadores españoles. Cortés y sus huestes encontraron un señorío sujeto a la voluntad tlaxcalteca y enemistado mortalmente con los mexicas, por lo que, para ese momento, aliarse con los europeos representaba la posibilidad de emanciparse de Tlaxcala y de cobrar venganza en contra de Moctezuma. Este era el panorama cuando en 1519, a tan solo cuatro leguas de la recientemente castigada Cholula y en su camino hacia Tenochtitlan, los invasores fueron bien recibidos en Itzcalpan, barrio de Huejotzingo. Allí fueron obsequiados con ropa, esclavas y piezas de oro; obsequios que, aunque generosos, denotaban las penurias en que vivían sus pobladores, según relató en sus cartas Cortés y también Bernal, quien calificó aquellos regalos como de insignificante valía. Sin lugar a dudas, hubo tiempos mejores.

Según Jerónimo de Mendieta, al momento del contacto, Huejotzingo tenía alrededor de 80, 000 habitantes y contaban con hombres suficientes para auxiliar a sus nuevos compañeros de campaña. Después de aconsejar a Cortés sobre los mejores derroteros rumbo a Mexico-Tenochtitlan, apoyaron con numerosos tamemes y guerreros la logística española. Junto a ellos iban cerca de 4000 naturales oriundos de Tlaxcala, Cholula y Zempoala, a más de sus mejores caudillos, como Mecacálcatl, y Chichimecateuhtli.

Las crónicas no abundan más allá de lo mencionado, aunque algunos documentos tardíos relatan la fidelidad casi inmediata de los Huejotzincas hacia la Corona española. La carta enviada por los señores del altépetl al rey Felipe II en 1560, informa:

“Ninguno otro pueblo nos sobrepasó […] en que primeramente nos arrojáramos ante ti […] Y también nadie nos amenazó, nadie nos obligó sino que en verdad Dios hizo que mereciéramos, voluntariamente perteneciéramos a ti y así recibiéramos alegres a los recién llegados españoles que se acercaron a nosotros […] estando aun lejos, dejamos nuestras casas […] así de lejos fuimos a encontrar […] al capitán general don Hernando Cortés y a los otros que él guiaba […] Aunque aquellos que se llaman, se dicen tlaxcaltecas, que ayudaron, nosotros mucho los presionamos para que ayudaran […]”

Aunque la cita anterior expresa un tono suplicante y de sumisión, también es la voz de un pueblo que, al igual que Tlaxcala, intentaba hacer valer su calidad de aliado y obtener del reino los beneficios correspondientes a sus servicios. Lo cierto es que después de este encuentro, Huejotzingo apoyó a Cortés en su lucha de conquista. Así un nutrido ejército conformado por indígenas y españoles avanzó con paso firme entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, rumbo a la ciudad lacustre de Mexico-Tenochtitlan, al encuentro del gran Moctezuma, el tlatoani del que tanto les habían hablado.

 

Para saber más:

  • Brito, Baltazar, Huejotzingo: cuatro siglos de historia, H. Ayuntamiento de Huejotzingo, México.   
Para citar: Baltazar Brito Guadarrama, Huejotzingo: el aliado desconocido de Cortés, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/1793/1780. Visto el 10/12/2019