Diego de Ordaz y la ascensión de los conquistadores al Popocatépetl

El escudo de armas del capitán luce el cono del volcán Popocatéptl, porque él fue el primero de los españoles que pisó la nieve de la cumbre. Aquel día estuvo tan alto que a través de los torbellinos de ceniza veía las espaldas de las águilas y veía la ciudad de Tenochtitlán temblando en la laguna.

Eduardo Galeano (“Diego de Ordaz” Memoria del fuego)

 

Dentro del marco histórico de la conquista de México, los sucesos que se comentan esta semana en Noticonquista tuvieron lugar antes de la primera entrada de los españoles en Tenochtitlan. Se trata de la ascensión que realizó al volcán Popocatépetl un reducido grupo de conquistadores.

Si se investigan las fuentes documentales encontramos que los datos concretos sobre este hecho son escasos. Bernal Díaz del Castillo en su libro de memorias, Historia verdadera de la conquista de Nueva España, un texto imprescindible para conocer los pormenores de lo sucedido durante la conquista de México, nos relata cómo se fraguó y llevó a cabo el osado ascenso al volcán emprendido por los conquistadores. A propuesta de Diego de Ordaz, uno de los capitanes de su ejército, Hernán Cortés dio autorización para hacer el intento de subir a la cima de la alta montaña que habían visto humear en la lejanía desde su llegada al continente y que estaba cada vez más cercana a medida que avanzaban hacia su destino: la gran Tenochtitlan, ciudad capital del imperio mexica.

En su crónica, Bernal Díaz del Castillo refiere que estando en Tlaxcala, los españoles preguntaron sobre la montaña que echaba fuego y humo, les informaron que se llamaba Popocatépetl, que significa ‘montaña humeante’. Bernal, entonces soldado del ejército conquistador, cuenta que, “un capitán de los nuestros que se decía Diego de Ordás tomole codicia de ir a ver qué cosa era y demandó licencia a nuestro general para subir a ella, la cual licencia le dio, y aun de hecho se lo mandó, y llevó consigo dos de nuestros soldados y ciertos indios principales de Guaxocingo.”

Los tlaxcaltecas condujeron la expedición hasta la base del volcán y advirtieron a los extranjeros que no intentaran subir pues los dioses de la montaña los destrozarían. Bernal prosigue relatando el desarrollo de los hechos: “Y todavía el Diego de Ordás, con sus dos compañeros, fue su camino hasta llegar arriba, y los indios que iban en su compañía se le quedaron en lo bajo, que no se atrevieron a subir. Y parece ser, según dijo después el Ordás y los dos soldados, que al subir, comenzó el volcán de echar grandes llamaradas de fuego y piedras medio quemadas y livianas y mucha ceniza, y que temblaba toda aquella sierra y montaña adonde está el volcán, y que estuvieron quedos sin dar más paso adelante hasta de ahí a una hora, que insistieron que había pasado aquella llamarada y no echaba tanta ceniza ni humo, y que subieron hasta la boca, que era muy redonda y ancha, y que habría en el anchor un cuarto de legua, y que desde allí se veía la gran ciudad de México y toda la laguna y todos los pueblos que están en ella poblados.”

Tras la aventura, Diego de Ordaz y sus compañeros retornaron deslumbrados por haber contemplado el esplendor del valle y la ciudad de México. Al verlos llegar de regreso, “los indios de Guaxocingo y los de Tascala se lo tuvieron a mucho atrevimiento. Y cuando lo contaban al capitán Cortés y a todos nosotros, como en aquella sazón no lo habíamos visto ni oído como ahora, que sabemos lo que es, nos admiramos entonces dello.”

Hernán Cortés en sus Cartas de relación al emperador Carlos I, refiere el hecho con estas palabras: “Cerca de las provincias de Tascaltecal y Guajocingo había una sierra redonda y muy alta de la cual salía casi a la continua mucho humo, que iba como una saeta derecho hacia arriba. Y porque los indios nos daban a entender que era cosa muy mala y que morían los que allí subían, yo hice a ciertos españoles que subiesen y viesen de la manera que la sierra estaba arriba. […] y con algunos naturales de la tierra que los guiasen y les encomendé mucho procurasen de subir la dicha sierra y saber el secreto de aquel humo, de dónde y cómo salía. […] y subieron hasta llegar a la boca de la sierra donde sale aquel humo, […] y allí alrededor hallaron algún azufre de lo que el humo expele. […], y los indios nos tuvieron a muy gran cosa osar ir adonde fueron los españoles. […]Y yendo a ver esta sierra, toparon un camino y preguntaron a los naturales a dónde iba y dijeron que a Culúa y que aquél era buen camino hasta encumbrar las sierras, por medio de las cuales entre la una y la otra va el camino y descubrieron los llanos de Culúa y la gran ciudad de Temixtitan y las lagunas que hay en la dicha provincia, […] y vinieron muy alegres por haber descubierto tan buen camino y Dios sabe cuánto holgué yo de ello.”

No estaba equivocado Cortés sobre la importancia de lo relatado por Ordaz y sus compañeros. Intuía que tanto el descubrimiento del paso entre las montañas como el reporte de que había azufre en el volcán, determinarían en el resultado final de la conquista. Por un lado, ese camino, que llegó a llamarse Paso de Cortés, fue la ruta histórica de acceso a Tenochtitlan que utilizaron los españoles para entrar por primera vez en la ciudad aquel otoño de 1519; y por otro, la existencia de azufre les abría la posibilidad de elaborar pólvora para abastecer sus armas de fuego, con este propósito dos años después, una nueva expedición extrajo azufre de la cima del Popocatépetl.

No tenemos la versión de los tlaxcaltecas sobre el ascenso de los conquistadores al volcán pero en los relatos de Bernal Díaz del Castillo y Hernán Cortés se subraya la admiración que les provocó la gesta de Diego de Ordaz y sus compañeros. De la reacción de los nativos se deriva una tercera consecuencia del hecho: con la subida al Popocatépetl los españoles desmitificaron las creencias que sobre el volcán tenían los habitantes de la comarca y reforzaron los argumentos que sostenían la percepción de que los conquistadores eran como dioses.

El personaje principal de esta historia, el capitán Diego de Ordaz, había llegado a las Indias muy joven. En 1508 viajó en la expedición de Alonso de Ojeda a la costa norte del continente sudamericano y acompañó en su último viaje al navegante y cartógrafo Juan de la Cosa. Posteriormente, Ordaz se unió a la conquista de Cuba donde estuvo con Bartolomé de las Casas, Pánfilo Narváez y el resto de invasores de la isla, llegó a ser cercano colaborador del gobernador Diego Velázquez de Cuéllar. A instancias de éste, Ordaz se alistó en la expedición de Hernán Cortés a México siendo uno de los capitanes más activos hasta que fueron expulsados de Tenochtitlan durante la llamada ‘Noche triste’. Después de la derrota, Cortés envía a Diego de Ordaz como embajador a España para informar al emperador sobre lo que estaban haciendo en México y obtener el aval de la corona.

Cuando Ordaz regresó ya se había conquistado gran parte del actual territorio mexicano y se le concedieron encomiendas en Tepoztlán y Huaxocingo. También encabezó expediciones a Coatzacoalcos y Oaxaca. En 1529 Diego de Ordaz vuelve a España y el emperador le concedió poder incluir en su escudo de armas la imagen del volcán humeante como reconocimiento a su hazaña, también se hace merecedor del hábito de Santiago y se le otorga la gubernatura del río Marañón. Con una gran flota Ordaz remontó el Orinoco, llegó hasta el río Meta y retornó a la costa diezmado de hombres y barcas. En  1532 emprendió viaje regreso a España y a los pocos días de embarcar, según relata el capitán del navío, el comendador Diego de Ordaz se enferma y muere. Su cuerpo fue arrojado al mar.

La subida al volcán Popocatépetl, aparte de las crónicas referidas, nunca ha sido dramatizada en novelas o relatos. En el año 2015, los directores de cine, Yulene Olaizola y Rubén Imaz, rememoran el hecho al filmar un guion cinematográfico basado en crónicas de la época y en posteriores estudios biográficos y lingüísticos sobre el personaje. El resultado es la película. Epitafio, que fue estrenada y seleccionada en festivales internacionales obteniendo premios en el FICUNAM y en el Festival de Cine de la Riviera Maya, también fue nominada a dos Arieles por la fotografía y el vestuario.

Personalmente tuve la oportunidad de encarnar el papel de Diego de Ordaz en la película y de colaborar en el guion aportando fuentes y datos. La mayoría de los diálogos están extraídos literalmente de libros y documentos históricos que se consultaron durante la búsqueda información. El guion fue producto de un amplio trabajo de investigación sobre el personaje y los hechos que se relatan.

Una de las características de esta cinta es que fue rodada en escenarios naturales. La primera semana se realizó en el Popocatépetl subiendo hasta cuatro mil trescientos metros; las tres semanas siguientes fueron rodadas en el Citlantépetl o Pico de Orizaba, donde el último campamento se instaló a cinco mil metros. Quizás sea una de las películas de ficción rodada a más altitud de la historia del cine.

En definitiva, Diego de Ordaz fue el primer europeo que cruzó el paso entre los volcanes, contempló la inconcebible ciudad de Tenochtitlan desde la distancia y subió una montaña de más de cinco mil metros de altura. Estos hechos, acaecidos hace quinientos años, quedaron ocultos dentro de la turbulenta serie de acontecimientos recogida en las crónicas que relatan el desarrollo de la conquista de México.

Para citar: Xabier F. Coronado, Diego de Ordaz y la ascensión de los conquistadores al Popocatépetl, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/1795/1780. Visto el 20/01/2020