Las evidencias bioarqueológicas del sacrificio humano entre los mexicas.

Uno de los temas más controversiales de la historia mesoamericana ha sido, sin lugar a duda, el sacrificio humano. Una de las principales premisas de los detractores en referencia a la existencia o no de esta actividad en el México antiguo es el considerar que no existen suficientes evidencias para comprobarlo. Por el contrario, las evidencias de las prácticas sacrificiales en el México prehispánico están presentes en todo tipo de documentación, tanto literaria, iconográfica, y arqueológica, apuntando hacia una misma dirección.

Por si esto fuera poco, contamos con estudios científicos que cada día ayudan a desmitificar y conocer con mayor profundidad no sólo la existencia de dicha práctica, también los detalles que otras fuentes no han podido brindarnos. Dichas evidencias proceden de la disciplina denominada bioarqueología, es decir del análisis de restos óseos procedentes de contextos arqueológicos, disciplina que ha permitido conocer información procedente de contextos de toda Mesoamérica, y particularmente para efectos de nuestro tema, del sitio arqueológico de Templo Mayor en la Ciudad de México.

Son muchos los investigadores y el trabajo generado por varias generaciones de bioarqueólogos los que han permitido establecer nuevas directrices y metodologías de estudio que han desmentido en ocasiones algunos datos que las fuentes escritas nos narran.

Procedentes en su mayoría de ofrendas, se tiene una amplia colección de vestigios óseos que han sido sometidos a diversos tipos de estudios, las cuales han permitido llegar a ciertas hipótesis de gran importancia. Se han podido recuperar vestigios de individuos de la más diversa índole entre los que se encuentran niños, mujeres, varones de diferentes edades con un tratamiento mortuorio muy significativo.

Entre otras cosas, hoy sabemos gracias a los estudios de isotopía de estroncio y oxígeno que podemos tener una idea de las procedencias de dichos individuos. Sabemos que dichos individuos, independiente de su procedencia, todos finalmente terminaron en la piedra de sacrificios y colocados ritualmente en las ofrendas. Es importante aclarar que no necesariamente dichos individuos fueron producto de la captura en las guerras, como tradicionalmente se pensaba y que pudieron estar relacionados con una amplia diversidad de movimientos poblacionales y de migración, los cuales llegaron a Tenochtitlan por diversos motivos.

Parte de la recuperación reciente más representativa de dichos vestigios se encuentra lo que probablemente sea el Huey Tzompantli o el Gran muro de cráneos que las fuentes describían para Tenochtitlan. Algunos de esos cráneos eran reutilizados para ser posteriormente colocados en las ofrendas a manera de cráneos-trofeo, modificados, decorados simulando algunas deidades como es el caso del dios Mictlantecuhtli.

En realidad, la existencia del sacrificio humano entre los mexicas y en toda Mesoamérica ya no debe ser el tema de discusión, sino las diversas prácticas y significado, todo ello enmarcado en la tradición religiosa mesoamericana y en una historia prehispánica que no puede separarse de esta realidad.

 

Para leer más

  • Cervera Obregón Marco A y Alan Barrera Huerta, “Movimientos poblacionales durante los procesos de conquista del Imperio mexica”, Los efectos de la guerra. Desplazamientos de población a lo largo de la historia, Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, UNED, Madrid, 2018, 133-155.
  • Chávez Balderas Ximena, Sacrificio humano y tratamientos postsacrificiales en el Templo Mayor de Tenochtitlan, INAH, México, 2017.
  • López Luján Leonardo y G. Olivier, (coords.), El sacrificio humano en la tradición religiosa mesoamericana, INAH, UNAM, México, 2010.
Para citar: Marco Antonio Cervera Obregón , Las evidencias bioarqueológicas del sacrificio humano entre los mexicas., México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/1794/1780. Visto el 19/01/2020