La Conquista en los biombos

A lo largo de los últimos cinco siglos ha surgido un conjunto heterogéneo y controvertido de memorias sobre la Conquista de Tenochtitlán. Estas se han representado una y otra vez en textos, escudos de armas, pinturas, obras de teatro, óperas, películas y videojuegos, influyendo en las formas en que individuales y grupos han percibido el pasado así como su propia posición dentro del mundo actual. Un tipo de objeto de conmemoración que ha fascinado por igual a contemporáneos como a personas en tiempos coloniales son los biombos; durante la segunda mitad del Siglo XVII, estas pantallas plegables se convirtieron en la forma artística más popular para representar narrativas sobre la Conquista. 

Los biombos son objetos con una larga historia en el sudeste de Asia y particularmente en Japón. La palabra castellana biombo viene de la palabra japonesa byōbu, lo que se traduce como una protección (byō) contra el viento (bu). Dado que muchas residencias tradicionales japonesas carecían de paredes permanentes, las pantallas plegables proporcionaron divisiones para crear recintos dentro de los espacios interiores. De manera similar a los tapices decorativos en Europa, los byōbu también ocupaban un lugar prominente en los palacios del emperador, los shogun y otros miembros de la élite japonesa. Cubiertos de oro, plata, carey y finas telas, dotaban de gran esplendor al dueño de la casa. Tradicionalmente los temas más pintados en sus superficies eran los paisajes naturales y sescenas de los cuentos ficticios y históricos, pero con el tiempo los artistas japoneses empezaron a pintar también paisajes urbanos, escenas de batalla, encuentros con los Portugueses y mapas del mundo.

Los primeros biombos llegaron a Nueva España durante las décadas iniciales del siglo XVII. Algunas de las pantallas se enviaron a través del Pacífico como mercancía y otras como regalos diplomáticos del shogun japonés al virrey Luis de Velasco. En el virreinato los biombos representaban un lujo deseable y exótico que pocos podían permitirse. Este valor simbólico y económico parece haber sido un factor importante para el desarrollo de una producción local de estos objetos. Al menos dos biombos fueron producidos durante el gobierno del virrey Lope Díez de Aux de Armendáriz (1635–1639) y el número de biombos novohispanos aumentó rápidamente a partir de este momento. Los artistas locales trataron de imitar los ejemplos asiáticos, apropiándose de elementos como los marcos de madera, las nubes doradas o la flora y fauna asiática. Combinaron aspectos del arte asiático con los estilos y las técnicas pertenecientes a las tradiciones europeas y americanas.

El tema de la Conquista está tematizado en los biombos de varias maneras y en pantallas con diferentes dimensiones. Un ejemplo es la pantalla existente de diez paneles que Juan Correa pintó a fines del siglo XVII y que representa el encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés (Colección Banamex). Otro biombo excepcional que representa escenas de la conquista es el que Marita Martínez del Río de Redo descubrió en una colección privada (2005). Los cinco paneles representan la captura de Cuauhtémoc, las cabezas de un grupo de soldados y capitanes españoles sacrificados puesto en un tzompantli, el castigo del portador de la viruela, el ataque a Moctezuma y un grupo de personajes que parecen contemplar el entierro de Moctezuma.

Un tipo de biombo que se hizo particularmente popular es el que por un lado retrata una vista corográfica de la ciudad de México a fines del siglo XVII y, por el otro, se observa una imagen de la misma ciudad durante los años 1520 y 1521. Varias de estas pantallas se han conservado, inclusive las que forman parte de la colección del Museo Nacional de Historia Castillo Chapultepec, el Museo Franz Mayer y el Banco Nacional de México. Aunque cada una de esas pantallas posee su propio estilo y ornamentaciones, en líneas generales cuentan una misma historia: todas ellas representan el encuentro entre Moctezuma y Cortés en el camino a Iztapalapa. También ponen todos en el centro de la composición el ataque a Moctezuma por su propia gente; un evento que condujo no sólo a la muerte del tlatoani mexica sino también a la huida forzada de los españoles durante la Noche Triste. Otras escenas identificadas en los biombos son momentos correspondientes al asedio de la ciudad y que tuvieron un significado particular para los españoles, como el papel de los brigantines en los ataques o la batalla por el Templo Mayor.

No sabemos exactamente qué provocó este interés por la conquista durante la segunda mitad del Siglo XVII. Uno de los factores que sin duda desempeñó un papel fundamental fue la publicación de la Historia de la conquista de México por Antonio de Solís y Ribadeneyra en Madrid en 1684. Este libro popular parece haber encontrado su equivalente visual en los biombos. En años recientes, historiadores de arte y estudiosos de la literatura han argumentado que estas rememoraciones visuales de la Conquista fueron interesantes para la población criolla porque les permitió mantener viva la memoria de los servicios que los progenitores de la ciudad habían prestado al monarca y así luchar por obtener el reconocimiento real. Otros han señalado que los biombos desempeñaron una función social similar a la de las ceremonias públicas celebradas en los día Corpus Christi, en el festival de San Hipólito que conmemoraba la caída de México-Tenochtitlan cada 13 de agosto, o el ascenso de Carlos II al trono español en 1665. Al igual que en estas festividades, los biombos reanimaron la memoria de un evento que inició una nueva época y un nuevo orden sociopolítico a través de la representación de la guerra y de los mitotes – una danza indígena.

También es posible que los individuos y las familias utilizaran las pantallas para establecer sus propios vínculos, reales o inventados, con la Conquista o con ciertas personas que participaron en ella. Para el virrey José Sarmiento de Valladares (1696-1701), que buscaba legitimar su reclamo sobre el título y las posesiones de los condes de Moctezuma, esta fue la razón para ordenar la producción de una serie de pinturas de enconchado que cuentan una historia similar sobre la Conquista como lo hacen los biombos.

Como objetos de memorialización, los biombos nunca tuvieron un solo significado. Desde el momento de su producción y colocación, permitieron que diferentes actores encontraran su propio significado en ellos y este proceso continúa hasta nuestros tiempos.

 

Para leer más:

  • Baena Zapatero, Alberto. “Apuntes Sobre La Elaboración De Biombos En La Nueva España.” Archivo Español de Arte 88, no. 350 (2015): 173–88.
  • Castelló Yturbide, Teresa, and Marita Martínez del Río de Redo. Biombos Mexicanos. With the assistance of Jorge Gurría Lacroix. Mexico City: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1970.
  • Ette, Ottmar. “EntreMundos O La Relacionalidad Transarchipiélica De Nueva España.” Iberoamericana 12, no. 48 (2012): 157–70.
  • Martínez del Río de Redo, Marita. “Una Visión Singular De La Conquista De México.” In Imágenes De Los Naturales En El Arte De La Nueva España Siglos XVI Al XVIII. Edited by Elisa Vargas Lugo de Bosch, 124–35. Mexico City: Fomento Cultural Banamex, 2005.
  • Mundy, Barbara E. “Moteuczoma Reborn.” Winterthur Portfolio 45, 2/3 (2011): 161–76.
  • Rivero Lake, Rodrigo. Namban Art in Viceregal Mexico. Madrid: Turner [u.a.], 2005.
Para citar: Nino Vallen, La Conquista en los biombos, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/1343/1326. Visto el 22/09/2021