Los nahuas y el náhuatl, antes y después de la conquista

Cuando hablamos de los nahuas, tanto en el siglo XVI como antes y después, debemos entender que no se trata de un solo pueblo ni siquiera de un grupo étnico definido, sino de una galaxia de pueblos diferentes unidos, a veces exclusivamente, por su idioma compartido. En la actualidad nadie pretende que las personas que hablamos español pertenezcamos a un sólo grupo étnico, ni a una sola nación y ni siquiera a una sola tradición cultural. Se trata, en ambos casos, de lenguas internacionales que se expandieron gracias a los imperios, al comercio, al intercambio y las migraciones.

A lo largo de milenios, la lengua náhuatl migró desde su región de origen en América del Norte (en lo que hoy es territorio de Estados Unidos) hacia toda Mesoamérica. En el siglo XVI el náhuatl se hablaba desde Nicaragua hasta Sinaloa, desde Guatemala hasta la región huasteca. A diferencia de la mayoría de las lenguas mesoamericanas, como el zapoteco o el mixteco, o como los idiomas mayenses que están identificados con un territorio específico y más o menos fijo en el tiempo, el náhuatl se encuentra por todas las regiones de Mesoamérica, en menores o mayores islas de hablantes. Esto no significa que todos los hablantes de esta lengua sean de origen norteamericano y hayan emigrado como un único grupo desde el lejano norte hasta el más remoto sur de Mesoamérica. Muchos pueblos que hablaban otros idiomas se nahuatizaron, es decir, adoptaron la lengua náhuatl a lo largo de los siglos. Y muchos pueblos nahuas se movieron en largas y pausadas migraciones que duraron siglos o milenios.  En este sentido podemos decir que ni la lengua náhuatl ni sus hablantes, en su diversidad, eran extranjeros a Mesoamérica.

Por su distribución en todo el mundo mesoamericano y por el hecho de que muchos de sus hablantes estaban alejados y aislados unos de otros, el náhuatl se hizo también una lengua muy diversa. Es posible que en vez de un solo grupo hablante y una sola variedad de este idioma, hayan llegado a Mesoamérica diversos grupos con sus variantes lingüísticas. Entre las diferencias más importantes está la del nahuat que no utiliza el sonido “tl” tan frecuente en otras variantes. También había diferencias por condición social: el macehuallatolli, lenguaje de los campesinos y del pueblo, se contraponía el tecpillatolli de los nobles, que presumía de refinación y de sutilezas retóricas. Después de la conquista, los nahuas cristianizados y los misioneros católicos inventaron una nueva variante del tecpillatolli, que solemos llamar náhuatl clásico y que es la que se utilizó para escribir la mayor parte de los textos más conocidos del periodo colonial, como la obra coordinada por Fray Bernardino de Sahagún.

La diversidad del náhuatl se sumaba a la increíble diversidad étnica y lingüística de Mesoamérica. Era frecuente que los nahuas vivieran en barrios o calpulli como partes de comunidades más amplias que hablaban una o más lenguas distintas, con totonacos y huaxtecos en la costa del Golfo, con otomíes y otras lenguas de esa familia en todo el Altiplano central, con mixtecos o zapotecos, con mayas, etc. Se suele afirmar que el náhuatl fue una lengua franca en el periodo prehispánico, tanto como en el periodo colonial y hasta el siglo XIX, como el inglés lo es ahora a nivel mundial, una lengua hablada -o mal hablada- por los hablantes de muchas otras lenguas, una lengua asociada al poder y el prestigio. Sin embargo, Leopoldo Valiñas ha sugerido que funcionaba más bien como un elemento común a muchas constelaciones multilingües en diversas regiones de Mesoamérica y que de esa manera potenciaba las posibilidades de traducción y comunicación: a donde fuera un en la región encontraría personas que hablaran náhuatl y las diversas lenguas locales.

Por otro lado, los grupos humanos hablantes de náhuatl tenían formas de vida y organización social muy diversas. En el Altiplano central había grandes ciudades y poderosos estados que hablaban esa lengua: los mexicas, los acolhuas de Texcoco, los tlaxcaltecas, los cholultecas, y un largo y prestigioso etcétera. Muchos de los habitantes de estas entidades políticas hablaban otras lenguas, como el otomí, y también muchos, incluso los prestigiosos chichimecas de Texcoco, habían aprendido la lengua hacía pocas generaciones. En estas poderosas y ricas ciudades el náhuatl era una lengua de prestigio, particularmente el tecpillatolli, la lengua de los nobles y gobernantes, de los sacerdotes y sabios. Su prestigio derivaba, en buena medida, de su asociación con la tradición tolteca, la cultura y la forma de vida de la grandiosa ciudad de Tollan, una especie de Atenas mesoamericana, pues era imitada desde Guatemala hasta Michoacán. Grupos nahuas de tradición tolteca vivían por toda Mesoamérica y creaban una red política, comercial y religiosa de gran poder. Sin embargo, en una manera típicamente mesoamericana, no todos los toltecas hablaban náhuatl ni todos los nahuas eran toltecas. Es probable que en la ciudad que los mexicas llamaron Teotihuacan, y que fue la primera Tollan, se hablara otomí y muchas otras lenguas, antes que náhuatl.

Aunque parezca paradójico, el náhuatl antes y más lejos que el castellano fue la lengua de la conquista y de la Nueva España. Malintzin, la gran negociadora de la alianza indo-española, hablaba tecpillatolli y por medio de él pudo tejer las alianzas principales para Hernán Cortés: con los cempoaltecas, los tlaxcaltecas, los chalcas y los texcocanos. La toma y destrucción de México-Tenochtitlan fue una guerra entre nahuas, y la mayoría estaba del lado de la alianza triunfadora. Pero, no debemos olvidarlo, pelearon muchos hablantes de otomí, mazahua, tlahuica y muchos otros idiomas.

El náhuatl avanzó junto con los ejércitos conquistadores indo-españoles hasta Nicaragua, (donde se le conoce como nicarao) siguiendo viejos caminos y saludando viejos conocidos. A donde iban, los españoles preferían usar nombres de lugar en esa lengua que ya comenzaban a conocer. Los topónimos de Oaxaca, Chiapas y Guatemala se nahuatizaron bajo el régimen colonial. Muchas de esas traducciones seguramente existían desde tiempos anteriores, pero la conquista los convirtió en nombres oficiales cristianos. Aún hoy, en Quetzaltenango/Xelajuj, Guatemala, existe una disputa entre el nombre náhuatl colonial, asociado a la conquista, y el maya anterior y siempre vigente. En Guatemala y El Salvador a esta variante del náhuatl se le conoció como pipil; hasta el momento hablado en el occidente de El Salvador pero inexistente en Guatemala.

El náhuatl clásico cristianizado se difundió por medio de la imprenta y el comercio. Para los españoles era relativamente más fácil de aprender que las lenguas tonales como el otomí. Además, se asociaba con la civilización y el prestigio de la tecpillatolli prehispánico. En el siglo XVII se vendían vocabularios de náhuatl para los comerciantes españoles que se aventuraban a recorrer las provincias de la Nueva España. Así fue cómo se convirtió en lengua franca, y creció su dominación sobre las demás. En 1821, a la hora de la Independencia es posible que más habitantes del nuevo país que se llamaría México hablaran o entendieran náhuatl que los que hablaban o entendían castellano. La conquista del náhuatl por el español habría de suceder a finales del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, no en el siglo XVI.

 

Para citar: Federico Navarrete , Los nahuas y el náhuatl, antes y después de la conquista, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2270/2257. Visto el 25/02/2021