La omnipresente plumaria en las relaciones de Hernán Cortés

En febrero de 1519 Hernán Cortés hizo una primera parada en la isla de Cozumel y estableció comunicación con el gobernante local; desde este punto continuaría su ruta bordeando la península de Yucatán. Sin duda, dos años después de que Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y sus acompañantes tocaran territorios mesoamericanos, el extremeño también se percató de la complejidad con la que los locales cubrían y ornamentaban sus cuerpos. Por ejemplo, de Isla Mujeres se dice que los españoles se maravillaron al ver los edificios de piedra y “… que la gente se vistiese tan rica y lucidamente, porque tenían camisetas y mantas de algodón, blancas y de colores, plumajes […] y joyas de oro y plata, […]”.

Entre 1519 y 1534 el conquistador envió cartas y relaciones a España. Con estos documentos los destinatarios no sólo recibían información sobre batallas, alianzas, lugares y personajes, sino que también era una manera de comunicar sorprendentes aspectos del Nuevo Mundo tales como costumbres, fauna, flora (fig. 1) y fiestas. Entre todo destacan las relaciones de los “bienes enviados a vuestras majestades”, correspondientes al quinto real: oro, plata, joyas, ropajes y plumajes encabezan los listados.

Este corpus documental contiene información concerniente a las aves y los plumajes, aspectos que tocaron las fibras sensibles de Cortés quien, en varios momentos, describe la indumentaria plumaria como maravillosa dada su novedad y extrañeza, ya que ningún príncipe del mundo la conocía “ni tenía con tal perfección y calidad.”

 

Sobre las aves

En la Segunda Carta de Relación, el conquistador escribió sobre mercado de Tlatelolco donde la calle de los animales de caza incluye una sección para las aves: gallinas, perdices, codornices, lavancos, dorales, garcetas, tórtolas, palomas, pajaritos en cañuela, papagayos, búhos, águilas, halcones, gavilanes y cernícalos conforman el listado. De algunas aves de rapiña aclara que se vendían las pieles con sus plumas, cabeza, pico y uñas. También describe con asombro y admiración los jardines de la casa de Moctezuma. Da cuenta de los estanques de agua dulce y salada y de los 300 hombres que se dedicaban al cuidado, cura y alimentación de cada género de aves. Relata que por los corredores el tlatoani se recreaba con la observación de los ejemplares. A pesar de ello, en la Tercera Carta reseña la quema y destrucción de estos jardines como un acto supremo de terror, lo cual lamenta, aunque nunca más que “los naturales de estas tierras”.

Conforme pasaron las primeras semanas posteriores al contacto, los regalos en oro eran abundantes y ello motivó la búsqueda de minas y tesoros. Tal fue el empeño, que Cortés en la Segunda Carta de Relación evoca su solicitud a Moctezuma de construir una casa, cerca de donde se extraía oro, que sería habitada por el monarca europeo. La diligencia que se puso en este encargo dio como resultado, en un par de meses, cuatro casas con plantíos de maíz, frijol y cacao. Con el propósito de aprovechar las plumas, además de los aposentos la construcción contemplaba un espacio para contener hasta 1500 gallinas y un estanque en el que se ubicarían 500 patos. Como se observa, el emperador mexica no concebía una casa para un rey sin el acceso a la materia prima –las plumas–, para la confección de vistosos y útiles objetos (fig. 2).

 

Los suntuosos plumajes

En la Primera Carta de Relación cada ítem a ser enviado se enuncia por separado y se usan los sustantivos: antipara, arpón, barba, brazalete, caja, capacete, cetro, espejo, media casulla, mitra, moscador, pájaro, pella, poma, rodela, rueda y verguita. Estas palabras conformaban el vocabulario disponible para nombrar ciertas piezas, algunas de las cuales no tenían par en el Viejo Continente. Así, con lo escueto del lenguaje, podemos suponer que la antipara sería el equivalente a una ajorca; el capacete a un yelmo; o que rodela obedece a chimalli. En el listado se incluyen más de 40 objetos con coloridos plumajes y casi una decena de mantas tejidas con plumas que, sin dudarlo, Cortés pensó eran dignos de llegar a las manos de su emperador.

Aún después de la toma de la ciudad (13 de agosto de 1521), el triunfante capitán tuvo el aliento de hacer recolectar y resguardar objetos de plumaria para enviar a España. En su Tercera Carta de Relación escribió:

 

Entre el despojo que se hubo en la dicha ciudad hubimos muchas rodelas de oro y penachos y plumajes, y cosas tan maravillosas que por escrito no se pueden significar ni se pueden comprender si no son vistas; y por ser tales, parecióme que no se debían quintar ni dividir, sino que de todas ellas se hiciese servicio a su majestad…

 

Los objetos mesoamericanos elaborados con plumas están indisolublemente ligados al pensamiento mítico y encierran un simbolismo profundo, sin embargo no fueron del uso exclusivo de gobernantes, sacerdotes y deidades. En otros ámbitos, como el bélico, Cortés anotó en la Segunda Carta de Relación que la plumaria estaba presente en el campo de batalla y nos dice: “… dos de a caballo que iban delante de mí, vieron ciertos indios con sus plumajes que acostumbran traer en las guerras, y con sus espadas y rodelas…” (fig. 3).

En Tenochtitlan ciertos rituales tenían lugar en los templos. Estos espacios arquitectónicos se ataviaban con plumas y plumajes. Los paños de pluma y algodón, a manera de tapicería, también servían como colchas o cobertores de cama en las estancias, de las que a la par disfrutaron los hispanos. 

Hoy nos resulta difícil pensar lo que Hernán Cortés observó de la omnipresente plumaria. Cerremos los ojos y tratemos de imaginar la prenda que se colocó en la primera caja del envío que el conquistador hizo en 1522 a iglesias, monasterios y personas de España, y que estaba destinada a Nuestra Señora de Guadalupe. Se trata de:

“Un plumaje a manera de capa, el campo verde a la orladura de plumas verdes largas, el cabezón labrado de oro e plumas azul aferrado en un cuero de tigre.”

 

Para saber más

  • Itinerario de Hernán Cortés, Catálogo de la exposición, Centro de Exposiciones Arte Canal, 3 diciembre 2014 - 3 mayo 2015, Canal de Isabel II gestión, Comunidad de Madrid, SEP, CONACULTA, INAH, España, 2015.
  • “La pluma y sus usos en Mesoamérica”, en Arqueología Mexicana, no. 159, Editorial Raíces,
  • septiembre-octubre, México, 2019.
  • Ortiz Lanz, José Enrique, Las verdaderas historias del descubrimiento de la Nueva España. Las expediciones de Hernández de Córdoba y Grijalva 1517 -1518, Cámara de Diputados LXIII Legislatura, Consejo Editorial de la Cámara de Diputados, México, 2018. 
  • Russo, Alessandra, Gerhard Wolf y Diana Fane (coords.), Images take flight: Feather art in Mexico and Europe, Hirmer, Munich, 2014.
Para citar: María Olvido Moreno Guzmán, La omnipresente plumaria en las relaciones de Hernán Cortés, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/index.php/amoxtli/2547/2532. Visto el 12/06/2021