El viaje de Catalina desde Macao hasta la Ciudad de México

Al finalizar el siglo XVI, la Ciudad de México-Tenochtitlan poseía una población global compuesta por personas nacidas en África, Asia y Europa. La diversidad étnica y lingüiística de la ciudad derivaba en parte de la migración tanto libre como forzada de cientos de individuos que llegaban cada año. Su status legal impactaba en sus subsecuentes experiencias: los inmigrantes libres estaban exentos de los obstáculos estructurales que enfrentaban los inmigrantes esclavizados. En cambio, se podían enfocar en buscar trabajo y realizar contactos para construir su nueva vida en esta bulliciosa ciudad comercial.  Las personas esclavizadas, en contraste, debían atravesar circunstancias de opresión y la brutalidad de la esclavitud. Sin embargo, ellos también construyeron espacios en donde encontraron alegría y camaradería.  Encontrar un compañero o compañera de vida, elegir con quien contraer matrimonio eran algunas de las decisiones que podían tomar para empoderarse.

Catalina confirmó dicha elección el 19 de mayo de 1595 cuando ella y su futuro marido, Pedro, solicitaron una licencia de matrimonio [1]. En aquellos tiempos, toda la gente debía realizar una petición a la Arquidiócesis para poder contraer matrimonio, lo cual incluía presentar testigos que confirmaran que la novia y el novio eran solteros y libres para casarse. La petición y licencia de Catalina y Pedro, conservada actualmente en el Archivo General de la Nación, revela parte de su historia, ambientada en una ciudad que unió a personas de dos partes opuestas del mundo. Ella nació en Macao (hoy parte de China), y él cerca del Río Congo en África Central.

Ambos habrían arrivado a México-Tenochtitlan unos cuatro años antes. Para Pedro, esos cuatro años transcurrieron haciendo nuevas amistades, como los dos hombres que atestiguaron a su favor, ambos nacidos en África Occidental. Por otro lado, Catalina contó con la amistad de dos mujeres que ya conocía hacía más de 10 años. Las tres – Catalina, Castina y Ana – se habían conocido en Macao a mediados de la década de 1580 y después vivido en Manila, Filipinas por varios años antes de embarcarse a través del Océano Pacífico en una travesía de meses hasta el puerto de Acapulco, y desde allí hasta la ciudad de México; la embarcación que abordaron formaba parte del sistema emergente de la flota de Galeones de Manila[2]. El documento dice: "pasaron juntas en un navio a esta Nueva España” [3]. Su vínculo debió haber sido muy especial, fortalecido durante más de una década de vivir en diversas ciudades y apoyarse mutuamente mientras cada una buscaba mantener su espíritu y dignidad, incluso cuando los propietarios de esclavos dictaban dónde debían vivir y trabajar.

El mapa titulado “Maris Pacifici” (ver imagen 1) – publicado en 1589, perteneciente a la colección de la John Carter Library en la Brown University- nos ayuda a visualizar su travesía [4]. El grabado nos muestra un galeón en el registro superior con destino a la “Noua Hispania” o Nueva España. En la vida real, habrían navegado desde la Bahía de Manila en Filipinas ubicado en el extremo izquierdo y titulado “Philippinas”. La travesía tomaba, usualmente, 6 meses, a veces más. A bordo de una embarcación como esta, Catalina, Castina y Ana soportaron hambre y hacinamiento, hasta que finalmente desembarcaron en el puerto de Acapulco. Por su parte, Pedro habría cruzado el Océano Atlántico en un barco portugués dedicado al tráfico de esclavos que traía personas desde la costa oeste de África a los territorios de los Habsburgo en América, y desembarcado en el puerto de Veracruz. Catalina y Pedro se conocieron en la afamada Ciudad de “Meßico” – mostrada en el mapa en el medio del espacio acuático azul de los lagos del valle central. El mapa es un recordatorio visual de las vastas redes territoriales y trasoceánicas que trajeron personas de regiones tan distantes a la ciudad de México-Tenochtitlan.

Los seis individuos, la novia, el novio, y sus cuatro testigos – nuevos y viejos amigos-, integraron la celebración del matrimonio en mayo de 1595 celebrada, probablemente, en el Templo de la Santa Veracruz al otro lado de la Alameda. Su unión hubiese sido impensable en otro lugar; para 1590 muy pocas ciudades contaban con un mercado de esclavos abastecido por comerciantes esclavistas que contrataban en África y Asia[5].  Las historias de la trata de esclavos transpacífica y transatlántica explica como Catalina y Pedro, sus amigos y testigos, llegaron a la Ciudad de México. ¿Qué nos revelan sus experiencias personales sobre la vida cotidiana en este espacio multi-lingúistico y multi-étnico hacia finales de la decimosexta centuria? En primer lugar, nos habla de que las vidas de las personas de Asia y África se encontraban interconectadas, al igual que con aquellas personas nacidas en Europa y América. La identificación de las personas según su continente de origen es una ideación contemporánea. Catalina no se hubiera identificado como asiática o Pedro como africano. Su status legal tampoco los definía. Ellos eran individuos con amigos que los apreciaban. Para Catalina y Pedro su nuevo status como esposa y esposo fue, seguramente, más importante que las categorías legales y raciales que sus propietarios utilizaban para describirlos[6].

Lo que ocurrió después de su boda es desconocido. La Iglesia Católica alentó a los propietarios de esclavos a que permitieran que las parejas casadas vivieran juntas, y muchos lo hicieron. Otros tuvieron que vivir en casas separadas y solo compartían algunas noches juntos, lo cual era su derecho bajo la ley eclesiástica del momento. Pedro trabajaba como arriero, por lo cual pasaba varios días o incluso semanas viajando por el territorio. Catalina, por su parte, debió haber vivido en la casa de su dueño, un escribano público, en donde realizaba tareas domésticas como cocinar y limpiar[7]. Pedro debió de haberla visitado cuando se encontraba en la ciudad. Y tal vez, llegaron a rentar un lugar para vivir juntos con sus hijos bajo un arreglo de jornalero, sistema por el cual las personas esclavizadas podían trabajar de forma independiente y otorgar parte de las ganancias diarias a los propietarios; el resto quedaba para el sustento personal.

Todos los días Catalina se encontraba en contacto con personas que hablaban diversas lenguas. Muy probablemente Catalina sabía portugués, por haber crecido en Macao – enclave del Imperio Portugués en el Mar del Sur de China - y posiblemente comprendía el cantonés. Luego de años en Manila y en México, con seguridad aprendió a hablar español. ¿Pedro le habrá enseñado palabras de su idioma nativo (quizás alguno de la familia de lenguajes bantu)? Quizás, Catalina también aprendió a hablar náhuatl. Las lenguas implican conocimiento y cultura, las palabras que acudían a su mente y que ella utilizaba en su vivir  cotidiano nos permitirían saber como ella comprendió su propia experiencia. Su versatilidad lingüística es un recordatorio de que la ciudad de México-Tenochtitlan era un espacio multi-lingüístico, como lo fue en 1510, pero para los 1590s, contaba con la influencia de diversos lenguajes del mundo.

Muchas personas podrían identificar hoy en día al menos una persona que poseyó un derrotero vital similar al de esta mujer, incluso con el mismo nombre – Catalina de San Juan, quien vivió en Puebla, décadas después y es conocida como la original china poblana. Había muchas Catalinas. Muchas de ellas tuvieron nombres propios que fueron reemplazados en los registros históricos cuando fueron bautizadas por el rito cristiano y cuando los oficiales en Manila o México firmaron los documentos que legalizaban su cautiverio y confirmaba su estatus de personas esclavizadas. Algunas, como Catalina San Juan, lograron su libertad legal. No sabemos si Catalina de Macao, que arribó a México en 1591 y se casó con Pedro en 1595 pudo, alguna vez, experimentar tal realidad – ser una persona que recuperó su libertad natural. La frase utilizada en los documentos de manumisión describían este cambio como la posibilidad de “ir, estar, y residir en la parte y lugar que le pareciera y tratarse como persona libre[8]”. Lo que sabemos es que la Catalina de esta historia actuó “como persona libre” cuando eligió formar una familia con Pedro – una persona que también había cruzado un océano y las montañas del Altiplano para llegar a la Ciudad de México.

Para saber más:

  • Ortelius, Abraham. "Maris pacifici, (quod vulgò Mar del Zur) cum regionibus circumiacentibus, insulisque in eodem passim sparsis, novissima descriptio." Antwerp, , 1589.
  • Seijas, Tatiana. Asian Slaves in Colonial Mexico: From Chinos to Indians. Cambridge Latin American studies. New York, NY: Cambridge University Press, 2014.
  • ———. "The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580–1640." Itinerario: International Journal on the History of European Expansion and Global Interaction 32, no.1 (Mar 2008): 19-38.
  • ———. "Social Order and Mobility in 16th- and 17th-Century Central Mexico."  Oxford Research Encyclopedia of Latin American History (2018). doi:10.1093/acrefore/9780199366439.013.359, http://latinamericanhistory.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199366439.001.0001/acrefore-9780199366439-e-359.
  • Seijas, Tatiana, and Pablo Miguel Sierra Silva. "The Persistence of the Slave Market in Seventeenth-Century Central Mexico." Slavery & Abolition: A Journal of Slave and Post-Slave Studies 37, no.2 (2016): 307-33.

 

Catalina’s journey from Macao to Mexico City

At the end of the sixteenth century, Mexico-Tenochtitlan had a global population, with people born in Africa, America, Asia, and Europe. The city’s unparalleled ethnic and linguistic diversity derived from the free and forced migration of hundreds of individuals who arrived each year. Their legal status impacted their subsequent experiences, as free immigrants were spared the structural obstacles faced by enslaved people. They could instead focus on finding work and making contacts to build new lives for themselves in this bustling, commercially oriented city. Enslaved people, by contrast, had to navigate oppressive circumstances and the brutality of slavery. Yet, they too to carved out spaces where they found joy and comradeship. Finding a life partner and choosing whom to marry were some of the decisions people made to empower themselves.

Catalina confirmed that choice on May 19, 1595, when she and her future husband Pedro applied for a license to marry.[9] Everyone at this time had to petition the archdiocese to enter the bonds of matrimony, which included presenting witnesses who confirmed that the bride and groom were single and free to marry. Catalina’s and Pedro’s petition and license, preserved at the national archive, reveals part of their story, set in a city that joined people from opposite sides of the world. She was born in Macao (in present-day China) and he was born in a town near the Congo River in West Central Africa.

Both seemed to have arrived in Mexico-Tenochtitlan some four years prior. For Pedro, these four years had been about making new friends, like the men who testified on his behalf, both from West Africa. Catalina, on the other hand, counted on the friendship of two women she had known for over ten years. The three of them – Catalina, Castina, and Ana – had met in Macao back in the mid-1580s. They had then lived in Manila in the Philippines for several years before embarking on a ship (part of the emerging Manila Galleon fleet system) that sailed across the Pacific Ocean on a months-long journey to the port of Acapulco, and from there to Mexico City.[10] They had "pasaron juntas en un navio a esta Nueva España.”[11]  Theirs must have been a very special bond, strengthened over a decade of living in different cities, and supporting one another as they each sought to maintain their dignity and spirit, even as slaveowners dictated where they lived and labored.

The map titled “Maris Pacifici” – published in 1589 and in the collection of the John Carter Brown Library at Brown University – helps visualize their journey.[12] The engraving depicts a galleon ship on the upper registry, bound towards “Noua Hispania” or New Spain. In real life, the ship would have sailed from Manila Bay in the Philippines, located on the far left and titled “Philippinas.” The journey usually took 6 months and sometimes longer. On board a ship like this one, Catalina, Castina, and Ana endured hunger and overcrowding, until they finally disembarked in the port of Acapulco. Pedro would have crossed the Atlantic Ocean on a Portuguese slaving ship that brought people from the west coast of Africa to the territories claimed by the Spanish Hapsburgs in America and disembarked at the port of Veracruz. Catalina and Pedro met in the famed city of “Meßico” – shown in the map in the midst of the blue aquatic space of the lakes of the central valley. The map is a visual reminder of the vast transoceanic and terrestrial networks that brought people from distant regions to live in Mexico-Tenochtitlan.

 

The six individuals, the bride and groom and their four witnesses – new and old friends – joined in celebration on the wedding day in May 1595, likely held at the Templo de la Santa Veracruz across from the Alameda. Their union is almost unthinkable anywhere else, as there were few other places in the 1590s that had an international slave market that drew slave traders who operated in Asia and Africa.[13] The histories of the transatlantic and transpacific slave trades explain how Catalina and Pedro, and their friends and witnesses, got to Mexico City. What do their personal experiences reveal about everyday life in this multi-lingual and multi-ethnic space at the end of the sixteenth century? For one, it tells us that the lives of people from Asian and Africa were intertwined, along with those of people born in America and Europe. The identification by continent is a modern conceit. Catalina would not have identified as Asian, or Pedro as African. Their legal status did not define them either. They were, instead, individuals who had loving friends. For Catalina and Pedro their new status as wife and husband was surely more important than the legal and racialized categories property owners used to describe them.[14]  

What happened after their wedding is unknown. The Catholic church encouraged slaveowners to allow married couples to live together, and many did. Others had to live in separate households and only spent some evenings together, which was their right under canon law. Pedro worked as an arriero, so he likely spent days if not weeks traveling through the countryside. Catalina may thus have continued to live in the household of the slaveowner, who was an escribano publico, where she likely did domestic work like cooking and cleaning.[15] Pedro would have visited her when he was in the city. And it is possible that they eventually rented a place to live together with their children under a jornalero arrangement, by which enslaved people worked independently and gave slave owners a portion of their daily earnings, and kept the rest to sustain themselves.

Every day Catalina was in contact with people who spoke different languages. She would have known Portuguese from having grown up in Macao – the Portuguese empire’s enclave in the South China Sea. Catalina may also have understood if not spoken Cantonese. She would also have been able to speak Spanish after spending years in Manila and in Mexico. Did Pedro teach her words from his native language (likely one of the Bantu family of languages)? Perhaps. Catalina would also have learned at least some Nahuatl. Languages carry knowledge and culture, so the words that came to her mind and that she used in her everyday life would have all shaped how she understood her own life experience. Her linguistic versatility is a reminder that Mexico City-Tenochtitlan was a multi-lingual space, just as it had been in the 1510s, but by the 1590s also influenced by languages from around the world.

Many people today can identify at least one person who had a similar life as this woman, someone with the same name – Catalina de San Juan, who lived in Puebla decades later. There were many Catalinas. Many of them would have had different given names, which were replaced in the historical record when they were baptized with this Christian name and when officials in Manila or in Mexico signed the documents that legalized their captivity and confirmed their status as enslaved people. Some, like Catalina de San Juan, achieved their legal freedom. We do not know if Catalina from Macao, who arrived in Mexico in 1591 and married Pedro in 1595, ever experienced that reality – of being a person who regained her natural liberty. The common wording in manumission papers described this change as becoming someone who could “ir, estar, y residir en la parte y lugar que le pareciera y tratarse como persona libre.”[16] What we do know is that the Catalina in this main story acted “como persona libre” when she chose to have a family with Pedro – a person who had also crossed an ocean and the mountains of the altiplano to reach Mexico City.

 

Works Cited

  • Ortelius, Abraham. "Maris pacifici, (quod vulgò Mar del Zur) cum regionibus circumiacentibus, insulisque in eodem passim sparsis, novissima descriptio." Antwerp, , 1589.
  • Seijas, Tatiana. Asian Slaves in Colonial Mexico: From Chinos to Indians. Cambridge Latin American studies. New York, NY: Cambridge University Press, 2014.
  • ———. "The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580–1640." Itinerario: International Journal on the History of European Expansion and Global Interaction 32, no.1 (Mar 2008): 19-38.
  • ———. "Social Order and Mobility in 16th- and 17th-Century Central Mexico."  Oxford Research Encyclopedia of Latin American History (2018). doi:10.1093/acrefore/9780199366439.013.359, http://latinamericanhistory.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199366439.001.0001/acrefore-9780199366439-e-359.
  • Seijas, Tatiana, and Pablo Miguel Sierra Silva. "The Persistence of the Slave Market in Seventeenth-Century Central Mexico." Slavery & Abolition: A Journal of Slave and Post-Slave Studies 37, no.2 (2016): 307-33.

 

[1] Archivo General de la Nación (AGN) Matrimonios vol.129, exp.14, f.1R-3V (1595).

[2] For the history of the Manila slave market and the transpacific slave trade, as well as the experience of enslaved people from Asia in Mexico, including the legal struggle that finally liberated people of Asian descent in the Spanish empire, see Tatiana Seijas, Asian Slaves in Colonial Mexico: From Chinos to Indians, (New York, NY: Cambridge University Press, 2014).

[3] AGN Matrimonios vol.129, exp.14, f.3R (1595).

[4] Abraham Ortelius, "Maris pacifici, (quod vulgò Mar del Zur) cum regionibus circumiacentibus, insulisque in eodem passim sparsis, novissima descriptio," (Antwerp, 1589).

[5] Tatiana Seijas and Pablo Miguel Sierra Silva, "The Persistence of the Slave Market in Seventeenth-Century Central Mexico," Slavery & Abolition: A Journal of Slave and Post-Slave Studies 37, no.2 (2016); Tatiana Seijas, "The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580–1640," Itinerario: International Journal on the History of European Expansion and Global Interaction 32, no.1 (2008).

[6] "Social Order and Mobility in 16th- and 17th-Century Central Mexico,"  Oxford Research Encyclopedia of Latin American History (2018), http://latinamericanhistory.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199366439.001.0001/acrefore-9780199366439-e-359.

[7] The slave owner was Cristobal de Aguilar Acevedo; see AGN General de Parte vol.4, exp.255, f.72v (1591).

[8] The phrasing in cartas de libertad and testamentos varied, but generally expressed these sentiments.

[9] Archivo General de la Nación (AGN) Matrimonios vol.129, exp.14, f.1R-3V (1595).

[10] For the history of the Manila slave market and the transpacific slave trade, as well as the experience of enslaved people from Asia in Mexico, including the legal struggle that finally liberated people of Asian descent in the Spanish empire, see Tatiana Seijas, Asian Slaves in Colonial Mexico: From Chinos to Indians, (New York, NY: Cambridge University Press, 2014).

[11] AGN Matrimonios vol.129, exp.14, f.3R (1595).

[12] Abraham Ortelius, "Maris pacifici, (quod vulgò Mar del Zur) cum regionibus circumiacentibus, insulisque in eodem passim sparsis, novissima descriptio," (Antwerp, 1589).

[13] Tatiana Seijas and Pablo Miguel Sierra Silva, "The Persistence of the Slave Market in Seventeenth-Century Central Mexico," Slavery & Abolition: A Journal of Slave and Post-Slave Studies 37, no.2 (2016); Tatiana Seijas, "The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580–1640," Itinerario: International Journal on the History of European Expansion and Global Interaction 32, no.1 (2008).

[14] "Social Order and Mobility in 16th- and 17th-Century Central Mexico,"  Oxford Research Encyclopedia of Latin American History (2018), http://latinamericanhistory.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199366439.001.0001/acrefore-9780199366439-e-359.

[15] The slave owner was Cristobal de Aguilar Acevedo; see AGN General de Parte vol.4, exp.255, f.72v (1591).

[16] The phrasing in cartas de libertad and testamentos varied, but generally expressed these sentiments.

Para citar: Tatiana Seijas, El viaje de Catalina desde Macao hasta la Ciudad de México, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2950/2936. Visto el 29/11/2021