El lienzo de Analco

Como ya nos mostró Marta Martín [https://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2283/2271,] para 1526 buena parte de lo que hoy constituye el territorio del estado de Oaxaca se encontraba ya sometido al dominio hispano. Sin embargo, existía una región que, pese a los numerosos esfuerzos de Hernán Cortés y sus capitanes, se mantenía insumisa: la Sierra Norte de Oaxaca, conocida en el siglo XVI como Provincia de los Zapotecas.

Entre 1522 y 1526, cuatro campañas de conquista fracasaron. Cortés y sus capitanes culparon a la sierra, “la más áspera de la Nueva España”, donde no podían andar a caballo y avanzaban con lentitud, siempre con temor a despeñarse. Se quejaron, además, de la humedad de la tierra y de las lluvias constantes que volvían resbalosos los angostos caminos. Señalaron, por último, que al abrigo de la sierra sus habitantes, los zapotecas y mixes, crecían altivos y feroces y presentaban una eficaz resistencia.

Para someterlos parcialmente, fue necesaria una campaña que atacara la sierra de forma simultánea por tres rumbos. Esto ocurrió en los últimos meses de 1526, cuando tres capitanes encabezaron sendas fuerzas de ballesteros y escopeteros a pie. La campaña culminó con la fundación de la Villa Alta de San Ildefonso en enero de 1527.

Aunque apenas figuran en las fuentes hispanas, estas empresas de conquista contaron, como tantas otras, con la presencia de combatientes indígenas. Muy poco sabemos de ellos: por ejemplo, se desconoce con exactitud su lugar de origen, pues solo son referidos como “mexicanos”, es decir, hablantes de náhuatl, que salieron desde la Ciudad de México, aunque seguramente procedían de diversos pueblos de la cuenca. A diferencia de los tlaxcaltecas, referidos como amigos o aliados, los mexicanos que participaron en la conquista de la sierra son referidos como “naborías”, término usado en la época para referir a indios de servicio que, como tales, podían ser empleados tanto en el servicio doméstico, como en la labranza de las tierras de su señor, quien también podía llevarlos consigo en campañas de guerra para prestar servicio militar. No eran propiamente esclavos, aunque su condición era cercana, pues se trataba de indios de servicio a perpetuidad.

Estos naborías mexicanos fueron fundamentales para consolidad el pequeño establecimiento español de Villa Alta. Y es que la fundación de la villa fue apenas el comienzo de un largo proceso de conquista y sometimiento de los mixes y zapotecas de la Sierra Norte, proceso que se extendió a lo largo de casi todo el siglo XVI, y en el cual, según los propios españoles, no había año en que no se viviera una rebelión de los indígenas.

Los naborías mexicanos prestaron auxilio armado, de forma recurrente, para sofocar estas rebeliones. A cambio recibieron –no sin cierta reticencia por parte de los vecinos españoles- un espacio al oeste para asentarse, donde fundaron un barrio al que nombraron Analco, y para 1555 el cabildo de Villa Alta les cedería también tierras para sembrar y sustentarse. Un par de décadas más tarde incluso quedarían exentos de pagar tributo, a cambio de dar trabajo de forma voluntaria a los españoles de la villa.

A pesar de ello, los de Analco se enfrentaron constantemente a los intentos de los vecinos españoles por minar sus privilegios y forzarlos a trabajar. De igual modo, los pueblos vecinos de Totontepec y Yaa les disputaron en diversas ocasiones las tierras. De ahí que, hacia fines del siglo XVI, consideraron necesario documentar su papel como aliados y auxiliares en la conquista de la Provincia de los Zapotecas. Para ello, elaboraron un enorme lienzo –de 1.8 por 3 metros- en el que pintaron la historia de su arribo a la región y los servicios prestados los españoles, documento que hoy conocemos como el Lienzo de Analco, y que forma parte del acervo de códices de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

A diferencia de otros lienzos –como el de Tlaxcala o el de Quauhquechollan- el de Analco no cuenta con glosas, es decir, textos en náhuatl o el castellano, que expliquen las escenas. Desconocemos la fecha exacta de su elaboración, si bien algunos documentos elaborados por el barrio de naborías permiten inferir que fue en los últimos años del siglo XVI. El lienzo carece también de glifos de nombre o de lugar, así como de una escena inicial, lo que ha dificultado su interpretación.

A pesar de ello, su mensaje es claro: en las diferentes escenas observamos a españoles y nahuas luchar juntos en contra de los indígenas serranos. Como ocurre en el lienzo de Quauhquechollan, en el de Analco los nahuas se distinguen por su cabello corto, usan ichcahuipilli –la “armadura de algodón” que servía para repeler las flechas- van calzados y portan macanas o espadas españolas. Los indios locales, zapotecos y mixes, son representados en cambio semidesnudos, apenas cubiertos por un pequeño maxtlatl, descalzos, con el cabello largo y llevando largas lanzas con filos de obsidiana, las mismas que describiera Bernal Díaz del Castillo.

El lienzo es un testimonio también de la extrema violencia con que se llevó a cabo el sometimiento de la región: junto a las escenas de batalla aparecen indios apresados, aperreados, ahorcados, esclavizados, quemados en la hoguera, destazados dentro de campos de batalla. Gran contraste con la actitud triunfal de los nahuas. Señal de que en este lienzo, los indios de Analco buscaron representarse, no como indios al servicio de los españoles, sino como indios conquistadores.

Para saber más:

  • Viola König, La Batalla de siete flor: conquistadores, caciques y conflictos en mapas antiguos de los zapotecos, chinantecos y mixes, Oaxaca, Secretaría de Culturas y Artes del Gobierno de Oaxaca, 2010.
  • Florine Asselbergs, “The Conquest in Images. Stories of Tlaxcalteca and Quauhquecholteca Conquistadors”, en Laura E. Matthew y Michel R. Oudijk, (eds.). Indian Conquistadors. Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica, Oklahoma, Universidad de Oklahoma, 2007, 65-101.
  • Yanna Yannakakis, “The Indios Conquistadores of Oaxaca’s Sierra Norte. From Indian Conquerors to Local Indians”, en Laura E. Matthew y Michel R. Oudijk, (eds.). Indian Conquistadors. Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica, Oklahoma, Universidad de Oklahoma, 2007, p. 227-253.
Para citar: Raquel Güereca Durán, El lienzo de Analco, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2864/2862. Visto el 29/11/2021