Tlaxcaltecas, quauhquecholtecas, tenochcas, tlatelolcas, tetzcocanos, chalcas, xochimilcas, mixtecos, zapotecos y un largo etcétera en las conquistas de Guatemala

“Esta es nuestra escritura, la de todas las tierras y planicies aquí en el altepetl, en el chinamit llamado Ixhuatan. Aquí aparecen nuestros abuelos y abuelas además de los líderes que vieron venir a los españoles, los llamados ‘castellanos’ cuando todavía no había bautizo”.

Estas líneas las escribieron los ixhuatanecas  en el siglo XVI, basados, en gran parte, en un lienzo más antiguo que relataba su historia de origen y que adecuaron a un texto alfabético para contar la historia de su comunidad. Ixhuatan se encuentra en lo que ahora es el oriente de Guatemala, camino al actual El Salvador. Los ixhuatanecas se autonombraban así, con el nombre de su lugar de origen, sabían que venían del norte pero sus largos caminos en búsqueda de un lugar dónde asentarse los llevaron más al sur del valle central del actual México, hasta donde los líderes de la migración les indicaron que debían vivir. Con ellos venían otros pueblos nahuas que en cierto punto se dividieron buscando sus propias tierras. 

Conocemos, por varios documentos de la época, que la costa sur y el oriente de Guatemala, así como la mayor parte del actual territorio salvadoreño, estaba lleno de población nahua, que convivía con poblaciones xinka, poqom, chorti, lenca, cacaoperas… Con el tiempo a estos grupos nahuas se les ha llamado con el genérico “pipiles” pero en un principio esto no fue así. En la actualidad, en Guatemala ya nadie habla ninguna variante del náhuatl, es más, la presencia nahua en Guatemala es vagamente comprendida y reducida, por la mayoría de personas, a la época de “la conquista”. Por otro lado, en El Salvador aún existe población que se autoidentifica como nahua-pipil y que mantiene el idioma y las costumbres. 

Las relaciones entre los nahuas del Centro de México y los nahuas y mayas de Guatemala son ampliamente conocidas; por ejemplo, sabemos que alrededor de 1510, al menos dos hijas de Moctezuma II se casaron con el gobernante k’iche’ Wuqub’ No’j de Q’umarkaj. Es así que para 1524, cuando el ejército aliado ingresa a territorios mayas, los conquistadores quauhquecholtecas, tlaxcaltecas, mexicas, chalcas, xochimilcas, tetzcocanos, tenochcas, tlatelolcas, mixtecos, zapotecos y un largo etcétera ya tenían parientes en estos territorios, sabían la organización política de estos territorios del sur, ya conocían estos caminos, mismos que habían sido usado por siglos como rutas de comercio y de migración; y podían comunicarse con los pobladores porque el náhuatl era un idioma conocido.

Después de las batallas de conquista algunos conquistadores regresaron a vivir a sus pueblos de origen en el actual México, pero la gran mayoría, mandaron por sus familias o hicieron nuevas familias y se asentaron en sus nuevos hogares manteniendo sus barrios de origen; por ejemplo, la historiadora Laura Matthew reporta que en Ciudad Vieja (Guatemala) había barrios de Tlaxcala, Cholula, Tehuantepec, Otumba, Xochimilco, Tenochtitlan, Quauhquechollan, Tlatelolco y Texcoco y que estos grupos mantuvieron su identidad diferenciada, incluso con otros pueblos nativos, hasta bien entrado el siglo XVIII.

Es evidente que a raíz de estas guerras de conquista, y de la fundación de nuevos asentamientos, nacieron nuevos pleitos, privilegios y otras maneras de adecuarse a la realidad. Por ejemplo, los kaqchikeles, en 1551, se quejaban que los tlaxcaltecas no pagaban tributo y no realizaban trabajo forzado. Así mismo, hasta 1574 todos los tamemes que venían en el ejército también eran considerados conquistadores y tenían privilegios como cualquier otro conquistador. A finales del siglo XVI tenemos reportes de que los afrodescendientes que llegaron a Guatemala comenzaron a casarse con mujeres “mexicanas” para no tener que pagar impuestos.

Conocemos que los indios conquistadores que gozaron de más privilegios en la actual Centroamérica fueron los tlaxcaltecas; tenemos el caso de don Antonio de la Cadena, un indígena tlaxcalteca de la cabecera de Quiahuiztlan que se asentó en el actual Honduras, y que se le dio un escudo de armas en 1563 por haber participado en las conquistas de Tenochtitlan, Jalisco, Guatemala y Honduras.

Otro indio conquistador, Antonio de Mendoza proveniente de Quauhquechollan, Puebla, testifica que él y otros quauhquecholtecas y tlaxcaltecas habían pacificado esa parte de la Nueva España, el actual territorio guatemalteco; a este personaje también se le dieron privilegios como conquistador, mismos que dejó por escrito en 1564.

En el siglo XVIII, los privilegios de estos indios conquistadores continuaban en territorio centroamericano, la división entre tlaxcaltecas y los “otros mexicanos” era evidente, los pobladores que no podían probar su origen como “mexicanos” debían pagar el doble de tributos que se les pedían hasta el momento. Mientras que los tlaxcaltecas seguían exentos de tributación capitular.

Con el tiempo, para el siglo XVII, cambiaron las autodeterminaciones de los descendientes de estos conquistadores refiriéndose a sí mismos a través de su nuevo pueblo de origen, dejaron de ser “tlaxcaltecas” o “mexicas” y se volvieron “tlaxcalteca de Ciudad Vieja”, “mexicano de Ciudad Vieja”; pero siempre dejando claro los lugares de origen de sus padres.

Hasta el siglo XIX se sigue reconociendo la presencia tlaxcalteca en Guatemala, Domingo Juarros comenta que en San Miguel Totonicapán vivían 5817 indios macehuales o plebeyos, 454 ladinos, 578 indios caciques o nobles descendientes de los de Tlaxcala que tenían títulos de armas y que gozaban de varios privilegios como tener Gobernador de su propia casta, estar exentos de pagar tributos, privilegios como el uso de armas de fuego y caballos, uso de dos insignias, no debían dar servicio ni al pueblo ni a la iglesia, podían ser comerciantes y quienes trataran mal a estos nobles serían castigados. Además, de que en el siglo XVI recibieron encomiendas enteras.

Según la investigación de Florine Asselberg en Totonicapán se pueden rastrear tres apellidos de linajes nahuas del área central de México: García, Ávila y Mendoza. Y que al parecer, hasta finales del siglo XIX, estas familias seguían reconociéndose como descendientes de estos grupos nahuas conquistadores. Como vemos, a partir del siglo XVI  los apellidos que asociamos, en la actualidad, a los castellanos son apellidos tomados por población mesoamericana y debemos tener muy en cuenta que la aparición mayoritaria de nombres en castellano no refleja un origen ibérico de los personajes sino más bien una adaptación de los pueblos mesoamericanos al sistema colonial.

Todas las historias que comenzaron a partir del siglo XVI son mucho más que enfrentamientos bélicos, son historias de migración y  sobre todo historias de seres humanos. Es por eso que las oposiciones de “buenos-malos”, “vencidos-vencedores”, “españoles-indígenas”  y los términos “traidores” y “LA Conquista” quedan demasiado cortos para comprender la complejidad humana.  Estos 500 años sirven no solo para conmemorar sino para cuestionar y visibilizar estas otras historias, otras realidades y comenzar a crear otras narrativas que nos ayuden también a comprender nuestro presente.

 

Para leer más:

  • Escalante Arce, Pedro “Los tlaxcaltecas en Centroamérica”. (El Salvador: CONCULTURA, 2004).
  • Matthew, Laura “Memorias de conquista: De conquistadores indígenas a mexicanos en la Guatemala colonial” (Guatemala, México: Plumsock Mesoamerican Studies, CIRMA, Serie Monográfica 19. BUAP, 2017).
  • Townsend, Camilla “Malintzin: Una mujer indígena en la Conquista de México”. (México: Editorial ERA, 2015).

 

Para citar: Margarita Cossich Vielman, Tlaxcaltecas, quauhquecholtecas, tenochcas, tlatelolcas, tetzcocanos, chalcas, xochimilcas, mixtecos, zapotecos y un largo etcétera en las conquistas de Guatemala, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2819/2816. Visto el 01/12/2021