Tlaxcala: la visión de los vencedores

En 1521, tras su victoria sobre los mexicas, los cuatro altépetl de Tlaxcala y las comunidades otomíes y nahuas confederadas con ellos se convirtieron en la principal fuerza militar y política del territorio que había sido el “imperio” mexica. Su único rival de dimensión equivalente eran los altépetl asociados alrededor de Texcoco. Se puede conjeturar que ambas confederaciones habían movilizado más o menos la misma cantidad de combatientes para tomar México-Tenochtitlan, más de 20,000 y probablemente hasta 40,000 cada uno. Los tlaxcaltecas, sin embargo, habían sido capaces de proyectar su poderío desde el valle de Puebla a la cuenca de México y habían aniquilado a su añejo enemigo, que nunca había podido terminar con ellos. Fue esta capacidad de expansión la que permitió la victoria aliada contra México-Tenochtitlan: los tlaxcaltecas cargaron los 13 bergantines que permitieron dominar el agua y sus bastimentos y tropas sostuvieron el esfuerzo de guerra. Su victoria espectacular les daba, por lo tanto, un impulso expansivo incluso mayor al que tuvieron los mexicas en sus tiempos de esplendor.

Este impulso se manifestó en las siguientes dos décadas en la campaña de conquistas más extensa en la historia conocida de Mesoamérica. Aliados con estos y otros expedicionarios españoles, con capitanes como Pedro de Alvarado y Nuño de Guzmán, los combatientes tlaxcaltecas, sus familias y sus gobernantes conquistaron, o negociaron alianzas, a lo largo y lo ancho de toda esta área cultural y más allá. Entre 1521 y 1545 conquistaron más de 50 ciudades o entidades políticas, desde Nicaragua hasta Sinaloa, desde el Pánuco hasta Guatemala. En muchos de estos territorios los tlaxcaltecas fundaron colonias, creando así una diáspora y una red de comunidades que mantendrían sus vínculos culturales y políticos con la metrópoli. Estas comunidades tlaxcaltecas, y las que también fundaron muchos otros altépetl que acompañaban y sostenían a los españoles, texcocanos, chalcas, mexicas, gente de Huaquechula y Atlixco, así como numerosos pueblos otomíes, fueron claves para que los españoles pudieran colonizar el norte y explotar sus minerales.

En un espacio de dos décadas, la confederación tlaxcalteca expandió su territorio y distribuyó su población en un espacio geográfico varias veces más amplio que el que lograron dominar los mexicas. Este proceso fue la fundación, o invención de la Nueva España como propone Francisco Quijano (https://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2815/2815). Los tlaxcaltecas participaron en él de manera protagónica, lo sustentaron e hicieron posible con sus combatientes y sus recursos, todo con la intención y certeza de que serían protagonistas del nuevo orden político. Sus expectativas eran construir una Nueva España “confederada” en que los altépetl aliados jugarían un papel central, siguiendo la propuesta de Quijano sobre los distintos proyectos y expectativas tejidos alrededor de la naciente entidad. Si examinamos sus acciones políticas y diplomáticas, así como las obras históricas que escribieron, veremos que defendieron y lograron sostener este proyecto en una medida mayor de lo que hemos reconocido.

Mientras realizaban este considerable esfuerzo expansionista, los tlaxcaltecas emprendieron una profunda reforma de su organización política. Fundaron una ciudad capital a la manera española, Tlaxcala, que muy pronto recibió los títulos excepcionales de Muy Noble y muy Leal Ciudad.  Organizaron un gobierno a manera de cabildo, ejercido exclusivamente por los nobles de los cuatro señoríos principales. Una vez constituidos así, iniciaron una larga y exitosa campaña diplomática frente a la Corona española para afianzar, expandir y defender sus prerrogativas y jurisdicción, la condición privilegiada de las élites tlaxcalteca como conquistadoras aliadas y cristianas, y los privilegios compartidos por toda la población confederada, como control territorial y exención de las cargas tributarias y de trabajo más onerosas.

Parte de esta campaña fue la elaboración de historias que detallaban el protagonismo tlaxcalteca y su centralidad en la Nueva España. La más conocida, con razón, es el Lienzo de Tlaxcala, un mapa y crónica de todas las conquistas realizadas por los tlaxcaltecas. Esta historia menciona más de 40, un número mucho mayor del que podrían narrar, reivindicar y presumir cualquiera de los capitanes españoles aliados, que sólo participaron en unas cuantas. A la fecha, es la historia más completa y detallada que existe de esa larga campaña expansionista.

En la Alegoría que preside este mapa histórico, Tlaxcala se presenta como el nuevo centro cósmico de la Nueva España, siguiendo el ancestral patrón mesoamericano del quincunce, en que el centro es rodeado por los cuatro rumbos cósmicos, en este caso sus cuatro cabeceras principales. El poder de sus aliados españoles se integraba perfectamente a este ordenamiento mesoamericano en el eje oriente-occidente que reproducía tanto la trayectoria espacial de los conquistadores entre 1519 y 1521 como la realidad geográfica de un mundo centrado en Tlaxcala, colocada en el centro, entre la nueva Ciudad de México y la sede del poder imperial, representada por la Corona.

Más allá de su contenido, el Lienzo, pintado alrededor de 1552, asimiló de manera magistral el lenguaje visual del grabado europeo de la época y lo integró en el marco del sistema de escritura ritual mesoamericana, un sistema mucho más complejo que combinaba escritura pictográfica, tradición oral, figuraciones y narraciones visuales, cronologías y mapas, así como la realización de performances rituales. El éxito de esta asimilación fue tal que el Lienzo podía ser leído fácilmente por los europeos, mientras que preservaba la densidad semántica y ritual del sistema mesoamericano. Y lo logró a tal grado, que incluso hoy, las imágenes tlaxcaltecas definen nuestra idea visual de la conquista; por ejemplo, entre los libros recientemente publicados sobre el tema en México y España, las imágenes del lienzo son las que se repiten con mayor frecuencia.

¿Cómo es que los tlaxcaltecas lograron realizar en el espacio de tres décadas transformaciones tan profundas a su organización política, su religión y su cultura? Las explicaciones tradicionales suelen privilegiar la influencia occidental y el poder de los conquistadores, los misioneros y las autoridades venidas de España sobre sus aliados mesoamericanos. Desde este punto de vista, los actores de origen europeo habrán adoctrinado, enseñado y de alguna manera u otra controlado los discursos y las acciones de los tlaxcaltecas. George Foster habla de una “cultura de conquista” que trasladó a América las tradiciones de la frontera y la guerra religiosa española y que fue adoptada por los indígenas aliados en un proceso de aculturación muy rápido.

Sin duda, hubo una fuerte influencia de los europeos sobre sus nuevos aliados, y también se impuso de manera violenta la religión católica. Pero no hay que olvidar que los tlaxcaltecas eran aliados y parientes de conquistadores y otros españoles que los podían asesorar y aconsejar en sus empresas, que les podían sugerir estrategias, pero que no los controlaban de manera directa o vertical.  No es creíble que mandaran de esta manera sobre una entidad política pujante y en plena expansión que de hecho sustentaba el esfuerzo expansionista y la viabilidad misma del poder colonial español. Más increíble aún es que en el espacio de 30 años unos cuantos centenares de europeos hayan logrado imponer de manera completa sus ideas, concepciones y prácticas sobre las de un mundo con una densidad histórica tan profunda como Mesoamérica.

Por eso el control europeo no basta para explicar el hecho de que los tlaxcaltecas fueron capaces de adoptar y asimilar instituciones y prácticas culturales tan diversas como la arquitectura, el lenguaje visual de los grabados, las figuras religiosas, y las instituciones políticas. Menos explica su capacidad de realizar creaciones originales con ellas que combinaban elementos de origen mesoamericano con elementos de origen europeo. En efecto el Lienzo de Tlaxcala como las otras producciones culturales del periodo muestran una clara relación con las tradiciones anteriores a la llegada de los español: esta relación no es una simple continuidad, sino que está marcada por cambios deliberados y pero la capacidad de absorber los elementos culturales recién llegados y darles nuevos sentidos, a la vez que efectúa la recreación de las formas narrativas y de los marcos explicativos tradicionales.

De hecho, el Lienzo es un ejemplo de cómo la compleja tradición de escritura ritual mesoamericana fue capaz de absorber el sistema pictórico europeo, que era mucho más sencillo, basado en una idea de representación realista de raigambre religiosa. Es casi imposible que los misioneros europeos hubieran sido capaces de concebir una historia visual de la complejidad que tiene el Lienzo, pues no pertenecía a sus tradiciones, y de haberla reconocido la habrían tal vez repudiado y perseguido por considerarla contraria a su intolerancia religiosa. El hecho mismo de que los tlaxcaltecas hayan logrado crear un discurso con diversos niveles de lectura, incluyendo dimensiones que eran incomprensibles a los europeos, es prueba de que ellos eran quienes determinaban en buena medida su producción, así como fueron ellos quienes determinaron su propia actuación en la conformación de la Nueva España.

Para citar: Federico Navarrete , Tlaxcala: la visión de los vencedores, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2821/2816. Visto el 30/11/2021