De las múltiples variantes de canibalismo en el México antiguo

El Códice Florentino, un documento del siglo XVI, indica que los antiguos nahuas en ocasiones comían carne humana en un plato llamado tlacatlaolli. Fray Bernardino de Sahagún (2002) escribió que "cocían aquella carne con maíz, y daban a cada uno un pedazo de aquella carne en una escudilla o caxete, con su caldo y su maíz cocida". Tanto en los textos coloniales en español, como en los escritos en náhuatl, hay referencias del consumo de carne humana.

El derecho de comer carne humana era un privilegio exclusivamente de la nobleza guerrera y de algunos comerciantes. Los guerreros consumían a sus prisioneros, mientras una élite de comerciantes podía comprar un cautivo para comer en un banquete antropofágico.

A diferencia de otras partes del mundo amerindio, la práctica de canibalismo en el México antiguo es un tema poco estudiado. Con raras excepciones, se convirtió en un objeto de estudio apenas a finales de los años setenta del siglo pasado, tanto en la disciplina histórica como por los antropólogos físicos.  Más o menos en la misma época surgieron los estudios sobre el sacrificio humano, dejando un poco en la sombra el tema del canibalismo.

Son muchas las teorías existentes sobre esta práctica. Algunos autores plantearon una hipótesis (hoy en día descartada) sobre la presión demográfica, y las circunstancias ecológicamente precarias para recurrir al consumo de carne humana. Esta práctica solucionaba, al menos para la élite, las deficiencias nutricionales de los habitantes de la Cuenca de México. Otra explicación, con mucho más arraigo histórico y con una amplia aceptación, se basa en un modelo sacrificial y pone énfasis en el consumo como una comunión con los dioses por medio de un cuerpo divinizado.

Recientemente, otros autores han estudiado la antropofagia con puntos de partida diferentes, en donde el elemento sacrificial ya no es la esencia de la explicación, aunque en contextos rituales, muchas veces se combinan. Dentro de estas perspectivas, el consumo de carne humana se integra en un modelo más amplio que incorpora también dioses, animales, paisajes y hasta objetos. Se considera que la antropofagia no se puede entender si nos enfocamos únicamente en el hombre (y, por lo tanto, el término antropofagia no es realmente muy adecuado).

Damos algunos ejemplos que demuestran distintas actividades canibalísticas en el cosmos, escalando desde el inframundo hacía el cielo. Sobre el menú de los dueños del inframundo, se decía que comían manos y pies. “Y su guisado es el pinacate; su atole, el pus. Así lo beben, dentro de un cráneo. Comían muchos tamales peídos; allá los comen en el Mictlan. […] Todo lo que aquí sobre la tierra no es comido, allá se come en el Mictlan” (Primeros Memoriales). Era un lugar de “tormentos, de hediondo, en el que se bebe podre, en el que son comidas las almas por bestias y sabandijas”.

El octavo piso del Lugar de los Muertos se llamaba Teyollocualoyan, “El lugar donde son comidos los corazones de la gente”. El Señor del inframundo, Mictlantecuhtli era “in mitzalamictoc in mitzalteuciuhtoc”, “sediento y hambriento de ti”.

En las regiones acuáticas, vivían espíritus hambrientos: En la mitología, se menciona que el perro acuático ahuítzotl sujetaba su víctima con la mano de su cola y sumergía el cuerpo hasta las profundidades de la laguna. La presa humana se ahogaba, pero pocos días después, el cuerpo reaparecía en la superficie del agua, totalmente descarnado.

De la deidad de la Tierra Tlaltecuhtli, se decía que era un ser “llena por todas las coyunturas de ojos y de bocas, con las que mordía como una bestia salvaje” (Histoire du Mechique, 2011). En el pueblo los Motines en Michoacán, se cuenta como sacrificaban “y daban de comer indios jiotes” a una serpiente con alas plumadas que vivía en un manantial. De manera recíproca, “el dragón les daba a los principales de sus plumas ricas y doradas”.

Las entradas de los templos eran réplicas de las aperturas de la tierra, verdaderas bocas de espíritus caníbales. En su Historia Verdadera…, Bernal Díaz del Castillo (1977) nos habla sobre un templo en Tlatelolco, con una puerta como “espantable boca abierta y con grandes colmillos para tragar las ánimas”.

Una característica del canibalismo de los seres del inframundo y de la Tierra es su gula: por lo regular no compartían sus víctimas con los seres humanos ‒ ¿o, a los humanos no les apetecía este tipo de víctimas? En cambio, en el caso de los dioses celestes, el banquete era más democrático. En cuanto a la porción corporal, eran más bien modestos. Se contentaban con el humo de las viandas, o acaso se tomaban algo de la sangre. Según el anónimo de la Relación de Michoacán (2011) "abajaban los dioses del cielo a comer sangre". Se quemaban el corazón de las víctimas, y a las deidades les era agradable el humo (Díaz del Castillo, 1977).

El resto del cuerpo se repartían entre los sacerdotes, el tlatoani y el guerrero que había capturado la víctima. Algunos testimonios son más específicos sobre las distintas partes del cuerpo y sus destinatarios. Se llevaban el cuerpo a su templo local, donde sacaban el corazón y cortaban los muslos, “y éstos enviaban a Montezuma, y los corazones en una jícara de por sí, y todo lo demás comían ellos y lo partían entre los más principales. Y, si alguna más cantidad le llevaban [a Montezuma], él lo repartía con los más queridos suyos, y esto comía por principal regalo; y ansí lo recibía [aquél] a quien él lo daba” (Relación de Atenco, 1985).

Los dioses comían humanos, y los humanos comían otros humanos. Finalmente, los humanos comían dioses.  Durante varias de sus fiestas calendáricas, los indígenas elaboraban estatuas comestibles hechos una masa formada por semillas de amaranto, maíz tostado y miel negra de los magueyes. En otras ocasiones, se trataba de esclavos como imágenes de un dios.

En resumen, el caso de los humanos que se comían otro humano (antropofagia) debe ser considerado una variante de muchos “canibalismos”. Los ejemplos demuestran que había muchas formas de canibalismo. El canibalismo real (siempre simbólico) y el canibalismo simbólico (un asunto “real”) se entremezclan. Su comprensión implica integrarlo en un modelo de “consumo” que involucra todas las comunidades del cosmos.

Así, hay un universo alimenticio que sirve de comida para los humanos, y, por otro lado, hay un grupo de “comedores de humanos”. Estos “comedores de humanos” podían ser dioses, espíritus, algunos animales, la Madre Tierra, u otros humanos, los cuales eran considerados como depredadores. Como se puede observar, esta dinámica no corresponde a la cadena alimentaria biológica que conocemos.

Para leer más:

  • Carrasco, David, (1995), “Cosmic Jaws: We Eat the Gods and the Gods Eat Us”, Journal of the American Academy of Religion LXIII/3, pp. 429-463.

 

  • Declercq, Stan, (2018), In mecitin inic tlacanacaquani: los mecitin (mexicas): comedores de carne humana. Canibalismo y guerra ritual en el México Antiguo, México, Tesis de doctorado en Estudios Mesoamericanos, UNAM.

 

  • Graulich, Michel (2001), “Les aspects multiples du cannibalisme aztèque”. Bulletin des Séances 47 (4), Académie Royale des Sciences d’Outre-mer, Belgique, pp. 481-497.
  • Graulich, Michel (2016), El sacrificio humano entre los aztecas. FCE, México.

 

  • Graulich, Michel y Guilhem Olivier, (2004),            “¿Deidades insaciables? La comida de los dioses en el México antiguo”, Estudios de Cultura Náhuatl 35, pp. 121-155.
Para citar: Stan Declercq, De las múltiples variantes de canibalismo en el México antiguo, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/1860/1856. Visto el 20/01/2020