De pestilencias, catarros y viruelas: epidemias en el área maya durante la época colonial

Una de las tantas consecuencias que tuvo la llegada de los españoles a Mesoamérica fue la alta mortandad entre los indígenas a raíz de su contacto con enfermedades desconocidas como la viruela y el sarampión. Las crónicas del primer siglo de la colonia reportan importantes pérdidas demográficas y los estudios arqueológicos e históricos lo confirman, indicando que la baja fue de entre el 75 y 90% de la población indígena total. En general, conocemos con mayor detalle cómo y cuáles fueron las consecuencias de estas enfermedades en el centro de México, sin embargo, otras regiones como el área maya también se vieron severamente afectadas.

Las enfermedades epidémicas que provocaron los altos índices de mortandad en los siglos XVI y XVII eran muy diferentes a los problemas de salud que los indígenas tenían en la época prehispánica. Se tiene registro de la existencia de enfermedades infecciosas como la influenza y la neumonía, entre otras, antes de la llegada de los españoles. La artritis y la osteoporosis han sido identificadas con estudios arqueobiológicos en las osamentas de los gobernantes del periodo Clásico en el área maya. Además, la población sufría de enfermedades genéticas y aquellas provocadas por la edad avanzada, al igual que otros malestares cuyo origen se explica por las altas temperaturas o la aparición de ciertos eventos meteorológicos en las costas del caribe. Por ejemplo, queda la mención al respecto realizada por el Alcalde Mayor de Valladolid, don Diego Sarmiento Figueroa: “Hay mal de catarros y calenturas que causan los nortes; para esto usan de remedios de sangrarse y hortigarse los cuerpos con hortigas y otras yerbas, que hay muchas.” (Relación de Valladolid, 1579).

La medicina indígena podía atacar estos y otros males de distintas maneras: con plantas medicinales, procedimientos quirúrgicos y tratamientos de índole espiritual. Sin embargo, las enfermedades completamente nuevas, transmitidas por los españoles, los africanos e incluso por la llegada del ganado, fueron resistentes a los remedios locales.

Entre 1519 y 1632 se tienen registrados al menos 8 epidemias mortales de tifo, viruela, sarampión y peste en el área maya, las cuales se expandieron una vez que Tenochtitlán había sido derrotada y Pedro de Alvarado y otros conquistadores comenzaron a dirigirse hacia Guatemala y la península de Yucatán. El corpus de las Relaciones Geográficas de la Gobernación de Yucatán nos proporciona información al respecto: “Tiene esta provincia de Tabasco tres mil indios escasos. Han venido a mucha disminución desde su pacificación por haber sido poblada de más de treinta mil indios, los cuales han venido a esta disminución a causa de grandes enfermedades y pestilencias que ha habido, así especiales en esta provincia, como generales en las Indias, como han sido: sarampiones, viruelas, catarros, pechugueras y romadizos y flujos de sangre y cámaras de sangre y grandes calenturas, que suelen dar en esta provincia, y estando con ellas se bañan en ríos con agua fría, por lo cual se han pasmado y muerto muchos; es tierra de mucho pasmo” (Relación de la Villa de Santa María de la Victoria, 1579). Los contagios probablemente se incrementaron cuando las medidas de reorganización poblacional congregaron a los indígenas en centros urbanos donde se encontraban los españoles, quienes inmunes a las enfermedades, se convirtieron en las principales fuentes de infección.

Además de las irremediables pérdidas humanas, las consecuencias de estas epidemias alcanzaron otras dimensiones en la vida de los indígenas. Tan sólo el impacto emocional de ver a los enfermos quedó registrado en documentos como los Anales de los Xahil, donde se encuentran algunos testimonios de los mayas cakchiqueles sobre las epidemias en Guatemala en 1520: “Se estaba primero enfermo de una tos, después la sangre estaba enferma, la orina amarilleaba…Estuvimos en una gran oscuridad, una gran noche, por haber estado nuestros padres, enfermos de esta epidemia… La mitad de los hombres fue a caer en las barrancas, y los perros, los zopilotes, fueron a comerse a los hombres. La espantosa muerte mató a vuestros antepasados…Así es como nos convertimos en huérfanos, oh hijos míos.”

El lenguaje con el que se realizan las descripciones de estos eventos catastróficos nos lleva a preguntarnos lo siguiente: ¿cuáles fueron los mecanismos de las comunidades indígenas para sobrellevar las pérdidas de sus familiares y conocidos? Además de la fractura interna de la sociedad maya, las epidemias trajeron consigo la reconfiguración de las prácticas individuales y colectivas en torno al tratamiento de los enfermos y las problemáticas sanitarias.

Una solución para apaciguar el temor y la desolación que las epidemias provocaron entre los indígenas, que ya habían sido convertidos a la religión católica, se encontró en las figuras de los santos. Las procesiones y rituales comenzaron a girar en torno a imágenes como la de Nuestra Señora de las Mercedes y, sobre todo, en honor a San Sebastián, a quien se le atribuía la capacidad de terminar con pestes y epidemias. Pero, es muy probable que todavía, pocos años después de la llegada de los españoles, se recurriera a otras prácticas además de las avaladas por la iglesia católica para lidiar con el miedo a las enfermedades. Por ejemplo, encontramos en la Relación Geográfica de Santiago Atitlán, de Guatemala, la mención sobre cómo los gobernantes de San Bartolomé, sujeto de Atitlán, realizaban ayunos y sacrificios de sangre a ídolos de piedra para informarse, entre otros temas, sobre las pestilencias. Si acaso se avecinaba alguna, entonces el ídolo “se les mostraba y le hallaban con una soga al pescuezo”, de lo contrario “el dicho ídolo demonio se les mostraba muy alegre y regocijado”. Ya fuese mediante plegarias, ofrendas de sangre o copal, los mayas resignificaron las enfermedades desconocidas encontrando un poco de paz ante una muerte casi inminente. Así, observamos que las epidemias tienen profundos efectos en las sociedades que las padecen, transformándolas para siempre aun después de que estos males se desvanecen.

Para saber más:

  • Alchon, Suzanne Austin. A Pest in the Land: New World Epidemics in a Global Perspective. Albuquerque: University of New Mexico Press, 2003.
  • Few, Martha. For All of Humanity: Mesoamerican and Colonial Medicine in Enlightenment Guatemala. Tucson: University of Arizona Press, 2015.
  • Lovell, W. George. “Las enfermedades del Viejo Mundo y la mortandad indígena: la viruela y el tabardillo en la Sierra de los Cuchumatanes, Guatemala (1710-1810).” Mesoamérica 16, (1988):239-285.
  • Tiesler, Vera y Andrea Cucina. “Las enfermedades en la aristocracia maya en el Clásico.” Arqueología Mexicana, Vol. XIII, no. 74, (2005): 42-47.

 

Para citar: Mariana Favila, De pestilencias, catarros y viruelas: epidemias en el área maya durante la época colonial, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/1957/2587. Visto el 11/06/2021